La Organización de las Naciones Unidas fijó una postura directa sobre la situación en Oriente Medio al demandar el restablecimiento íntegro de los derechos y libertades de navegación en el estrecho de Ormuz, una zona estratégica cuya operación ha sido afectada por las tensiones recientes. El Secretario General, António Guterres, calificó como un “paso en la dirección correcta” el anuncio de Irán de mantener abierto el paso marítimo para todos los buques mercantes durante el periodo del alto el fuego acordado con Estados Unidos, vigente desde el 8 de abril por dos semanas.
De acuerdo con su portavoz, Guterres sostiene que la exigencia de la ONU es firme: todas las partes deben respetar la libertad de navegación internacional. El organismo también reiteró su respaldo a los esfuerzos diplomáticos orientados a una solución pacífica del conflicto en Oriente Medio y señaló que la apertura del estrecho, junto con el alto el fuego, podría fortalecer la confianza entre los actores involucrados y facilitar el diálogo impulsado por Pakistán.
En paralelo, la ONU confirmó su apoyo al alto el fuego de diez días entre Israel y el Líbano. El Secretario General subrayó que esta tregua debe allanar el camino hacia negociaciones que permitan aplicar plenamente la resolución 1701 del Consejo de Seguridad, vigente desde 2006, con el objetivo de avanzar hacia una solución de largo plazo al conflicto entre Israel y Hezbolá. Guterres instó a todas las partes a cumplir sus obligaciones bajo el derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario, y a respetar sin excepciones el cese de hostilidades.
La coordinadora especial de la ONU para el Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, continúa sus gestiones con las partes implicadas para impulsar la implementación de la resolución 1701 y avanzar hacia un alto el fuego permanente.
El cese de hostilidades entró en vigor a medianoche en Beirut, lo que permitió un respiro tras semanas de enfrentamientos. Organizaciones humanitarias reportaron el retorno de familias desplazadas hacia los suburbios del sur de Beirut y hacia zonas del sur del Líbano, incluidas áreas de Nabatieh y Tiro. Según autoridades locales, miles de personas se movilizaron hacia el sur desde primeras horas del día, generando congestión en carreteras principales pese a los daños en puentes e infraestructura civil.
La ONU advirtió que persisten riesgos significativos debido a la presencia de municiones sin explotar en zonas residenciales del sur del país. Las necesidades humanitarias continúan en niveles elevados: alrededor de 1,2 millones de personas han sido desplazadas durante la reciente escalada del conflicto, mientras que los sistemas de salud enfrentan presión por interrupciones en servicios, escasez de suministros y vulnerabilidad creciente entre las poblaciones afectadas.

