En el Foro Mundial por la Paz de Normandía, el Secretario General de la ONU, António Guterres, planteó que el escenario internacional atraviesa una fase de inestabilidad marcada por convulsiones geopolíticas, conflictos armados, desigualdad y crisis climática, factores que —según afirmó— están “sacudiendo al mundo hasta sus cimientos” y debilitando las bases de la convivencia global. En ese contexto, sostuvo que la paz no puede asumirse como un estado garantizado ni como un refugio emocional, sino como una responsabilidad activa frente al deterioro del orden internacional.
Guterres subrayó que la esperanza debe entenderse como un deber político y ético: defender el derecho internacional frente a la imposición del poder, proteger los derechos humanos ante los abusos y sostener la dignidad humana frente a la indiferencia. Afirmó que la paz no se limita al silencio de las armas, sino que se construye mediante justicia, solidaridad, acceso humanitario y confianza entre los pueblos, elementos que —dijo— requieren la capacidad de escuchar y alcanzar acuerdos incluso en escenarios adversos.
El Secretario General definió el multilateralismo como la herramienta esencial para prevenir conflictos, aliviar el sufrimiento, mantener el diálogo y construir una paz duradera. En su mensaje, recordó que Normandía simboliza tanto el costo de la guerra como la fuerza de la reconciliación, al haber sido escenario de destrucción y, posteriormente, de un proceso de reconstrucción que impulsó a Europa y envió un mensaje al mundo sobre la capacidad de cooperación colectiva.
Al cerrar su intervención, Guterres llamó a recuperar ese precedente histórico para enfrentar los desafíos actuales y encontrar el coraje necesario para actuar en favor de la paz, en un momento que describió como decisivo para el futuro del orden internacional.

