Con un batazo demoledor desde el primer turno del juego y una joya monticular que mantuvo en silencio a los bates rivales, los Nacionales de Washington cortaron su mala racha y blanquearon 3-0 a los Piratas de Pittsburgh en el PNC Park.
James Wood no esperó ni un lanzamiento de cortesía: abrió el encuentro con un cuadrangular solitario que marcó el tono del partido. Ese batazo fue suficiente para que el abridor Jake Irvin tomara el control absoluto del duelo desde la lomita.
Irvin (1-0) firmó una actuación impecable, con siete entradas sin permitir carreras, apenas tres hits en contra, seis ponches y un pasaporte. Su dominio fue tal que ningún jugador de los Piratas logró pisar la antesala en toda la noche.
“Jake estuvo en completo control del juego”, destacó el manager de Washington tras la victoria. “Fue agresivo, eficiente y supo atacar cada zona”.
Los relevistas José A. Ferrer y Kyle Finnegan se encargaron de sellar la blanqueada. Finnegan sumó su sexto salvamento en la misma cantidad de oportunidades, consolidándose como uno de los cerradores más efectivos del inicio de temporada.
El marcador se amplió en la tercera entrada, cuando Paul DeJong fue golpeado en la cara por un lanzamiento de Mitch Keller, una escena que encendió las alarmas aunque el jugador pudo retirarse por su propio pie. Luego, Dylan Crews pegó un sencillo y se robó la segunda base, preparando el escenario para que Juan Núñez impulsara dos carreras con un imparable oportuno. Núñez y Nathaniel Lowe terminaron con dos hits cada uno en la noche.
Por los Piratas, el pitcheo fue lo más rescatable, pero la ofensiva simplemente no apareció. Oneil Cruz y Enmanuel Valdez se fueron de 4-0 cada uno, y Pittsburgh acumuló su cuarta derrota en cinco juegos.
Washington rompe así una racha de tres descalabros al hilo y se lleva un triunfo revitalizante, guiado por su bate emergente y su solidez monticular. Una fórmula clásica, pero siempre efectiva: un cañonazo para abrir y siete ceros con autoridad.

