Semillas de Comunión…“Cuando la costumbre apaga la fe”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, como cada lunes elevo mi oración por todos nuestros enfermos, especialmente por quienes se unen a esta reflexión desde su fragilidad. Pido también por nuestros hermanos desaparecidos, por los muertos que esta violencia creciente nos ha arrebatado y por sus familias que siguen cargando un dolor que no termina. Y encomiendo a Dios a nuestros hermanos con discapacidad y a quienes los cuidan, para que descubran siempre en ellos la presencia misteriosa de Jesús.

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas (4, 24-30). Jesús llega a Nazaret, entra en la sinagoga y pronuncia una frase que atraviesa los siglos: “Nadie es profeta en su tierra.” Sus palabras incomodan, revelan, confrontan. Y lo que inicia como admiración termina en un intento de asesinato. La familiaridad ha cegado a su propio pueblo; lo ven como “el hijo de José”, no como el enviado de Dios.

En mis visitas a los hermanos privados de la libertad, he visto algo que me interpela profundamente. Cuando comparto con ellos la Palabra, encuentro asombro, atención, hambre espiritual. Y a veces comparo esa actitud con lo que ocurre en nuestros templos: bostezos, distracciones, miradas al reloj, corazones que creen que ya lo han escuchado todo. La costumbre ha apagado la capacidad de dejarnos sorprender por Dios.

Este pasaje es fundamental en este tiempo de cuaresma. Jesús recuerda que Elías y Eliseo realizaron milagros para extranjeros: la viuda de Sarepta y Naamán el sirio. Con ello nos muestra que la salvación de Dios es universal, que su gracia no se encierra en fronteras, costumbres o privilegios. Pero quienes lo escuchan se llenan de ira porque sus palabras revelan su orgullo y su resistencia al cambio.

Hoy, como sociedad, vivimos algo parecido. Nos hemos acostumbrado a la violencia, a la injusticia, al dolor ajeno. Nos hemos acostumbrado incluso a la Palabra de Dios, como si ya no tuviera nada nuevo que decirnos. Y sin embargo, Jesús sigue pasando “por en medio de nosotros”, silencioso pero firme, recordándonos que su misión no depende de la voluntad humana, sino del designio del Padre.

En esta cuaresma me pregunto —y les pregunto— si estamos dispuestos a escuchar la voz de Dios cuando nos pide cambiar algo que nos duele. ¿Aceptamos la corrección o reaccionamos con enojo cuando alguien nos muestra un error? ¿Reconocemos la presencia de Dios en quienes nos resultan incómodos o demasiado familiares?

Dios actúa en los corazones humildes, como el de la viuda y el de Naamán. Y hoy nos invita a recuperar la capacidad de asombro, a abrir el corazón, a dejar que su Palabra nos toque de verdad.

Señor Jesús, te pedimos perdón por las veces que hemos cerrado el corazón creyendo que ya te conocemos. Danos la humildad para reconocer tu paso en nuestra vida diaria y la valentía para cambiar lo que nos aleja de ti. Que podamos ver tu rostro en cada hermano, especialmente en aquellos que más nos cuesta aceptar.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas y líbranos de todos los peligros. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y acompañe siempre.

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