La paz no se impone: se siembra desde el corazón

by Enlace Noticias

Mons. José Armando Álvarez Cano
Arzobispo coadjutor de Morelia

En el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo (10, 7-15), Jesús envía a sus discípulos con una consigna clara: “Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca”. No los envía con poder político ni con recursos materiales, sino con una palabra que transforma y un saludo que bendice: “Que haya paz en esta casa”.

Este mandato sigue vigente. La Iglesia no puede permanecer encerrada en sus templos ni en sus estructuras. Está llamada a salir, a caminar con el pueblo, a tocar las heridas de quienes sufren. Como nos ha recordado el Papa Francisco, somos una Iglesia en salida, una comunidad que no se repliega, sino que se entrega.

Hoy, más que nunca, necesitamos ser misioneros de paz. No una paz entendida como ausencia de conflicto, sino como presencia activa de justicia, reconciliación y fraternidad. La paz que Jesús ofrece no se construye con más armas ni con más vigilancia, sino con más cercanía, más escucha, más compasión.

Recientemente, una familia me compartía su testimonio: tuvieron que abandonar su comunidad por la violencia. Dejaron su casa, su tierra, su historia. Como ellos, muchas familias han sido desplazadas por el miedo, por la inseguridad, por la impunidad. Esta realidad no puede dejarnos indiferentes.

El Evangelio nos recuerda que la paz no es solo un don que pedimos a Dios, sino también una tarea que asumimos como creyentes. Comienza en el hogar, en la manera en que nos tratamos, en cómo educamos a nuestros hijos, en cómo respondemos al sufrimiento del otro. La paz se cultiva en lo cotidiano.

Cuando Jesús dice: “Si la casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella”, nos está diciendo que la paz también depende de nuestra disposición a recibirla, a acogerla, a compartirla. No es una fórmula mágica. Es una responsabilidad compartida.

Pidamos por quienes han sido desplazados, por quienes han perdido a un ser querido, por quienes siguen buscando a sus desaparecidos. Que no falte la esperanza. Que no falte la solidaridad. Que no falte la fe.

Y que todos nosotros, desde donde estemos, podamos ser instrumentos de esa paz que no se impone, sino que se siembra con humildad, con verdad y con amor.

Que el Señor nos conceda la gracia de ser sembradores de su Reino. Y que bajo el amparo de la Virgen María, caminemos con firmeza hacia una sociedad más justa, más humana y más fraterna.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los acompañe siempre.

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