Espada del Augurio…La caída de Fernández Noroña

by Enlace Noticias

Por: Pedro Hugo Montero

Gerardo Fernández Noroña tuvo frente a sí la oportunidad de su vida: estrenar la presidencia del Senado con autoridad y demostrar que podía ser algo más que un agitador con fuero. Le bastaba templar los ánimos, mostrarse como estadista y callar con oficio a un adversario como Alejandro “Alito” Moreno. Pero eligió el camino de siempre: gritos, empujones y espectáculo de circo romano.

El resultado es tan claro que ni encuestas ni analistas lo salvan: 89% de los ciudadanos cree que la pelea dañó la dignidad del Senado. Raymundo Riva Palacio lo describió como “desquiciado”. Beatriz Pagés lo puso en la vitrina de quienes arrastran al país a la degradación política. Chumel Torres, con su estilo de bisturí envenenado, no necesitó más de un par de segundos para ridiculizarlo y celebrar que la sociedad ya lo ve como un “payaso en decadencia”.

El problema es que la narrativa del “Noroña es pueblo” se derrumba a la velocidad de sus facturas. Mientras predica austeridad, medios documentan lo contrario: casas millonarias, autos de lujo, viajes, y una propiedad en Tepoztlán donde los comuneros le recordaron que ahí no hay propiedad privada. El mismo que se vende como tribuno de la plebe se comporta como burgués de boutique.

La contradicción es obscena: defiende al pueblo de la “opulencia neoliberal” pero se indigna cuando intentan registrar la frase “Noroña es pueblo” como marca comercial. ¿Qué sigue? ¿Derechos de autor por corear su nombre en mítines?

Y, como si faltara sal en la herida, el costo no solo lo paga él. Sus aliados quedaron embarrados en la gresca. Morena cerró filas porque no le quedaba de otra, pero la presidenta Sheinbaum condenó la agresión, y sí, aprovechó para llamar “porro” a “Alito,” pero también le pidió a todos “serenar los ánimos”. Traducción: gracias por la lealtad, pero nos costaste caro.

El daño colateral va más allá: colaboradores que ya cargan con la etiqueta de violentos, la oposición que aprovecha el desfiguro, y hasta rumores sobre si Estados Unidos podría revisar su visa por sus gastos y estilo de vida. No hay pruebas de ello, pero la duda ya circula: ¿cómo paga Noroña sus lujos? Y en política, la sospecha es más letal que la confirmación.

Las encuestas lo confirman: 55.6% de los ciudadanos percibe que la pelea fue un simple distractor frente a temas serios como narcotráfico, seguridad y corrupción. Y en distractores siempre hay ganadores y perdedores. El que terminó sacando raja fue “AlitoMoreno, que pasó de cadáver político a trending nacional, con marcha en Reforma, denuncias en el Ministerio Público y hasta la improbable etiqueta de “víctima del oficialismo”. Resultado: mientras Noroña sepultaba su carrera, “Alito” resucitaba la suya y hasta se le empieza a mencionar como presidenciable rumbo a 2030.

En resumen: Noroña no solo desperdició su oportunidad histórica, sino que abrió la puerta a que su carrera política sea recordada como lo que es: un reality show con saldo millonario. Y mientras él se entretiene con empellones, el país paga la factura de un Senado convertido en coliseo.

Noroña no es pueblo. Noroña es lujo, soberbia y cortina de humo. Y como dicen los clásicos ¡vaya ironía!, el hombre que soñaba con la grandeza presidencial acabó de promotor involuntario de la candidatura de Alito.

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