La jornada del miércoles de la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano abrió con un mensaje centrado en la necesidad de replantear el ejercicio del ministerio pastoral y atender el rezago en la promoción de vocaciones, en un contexto donde la propia Iglesia reconoce tensiones entre discurso, práctica y cercanía con la comunidad.
Durante la Eucaristía inicial, presidida por monseñor Oscar Efraín Tamez Villarreal, obispo de Ciudad Victoria y responsable de la Dimensión Episcopal para la Pastoral Vocacional, se colocó como eje el pasaje del Evangelio de san Juan, con una interpretación que apuntó directamente al núcleo doctrinal: “tanto amó Dios al mundo”, no como medida, sino como entrega total.
En su homilía, el prelado planteó una línea clara de acción pastoral al afirmar que el mensaje cristiano no se sostiene en la condena, sino en la salvación desde la misericordia. Bajo esa premisa, llamó a los obispos a reflejar en su labor cotidiana “un Dios que salva”, lo que implica modificar prácticas que, en los hechos, se alejan de ese principio.
El señalamiento no se limitó a lo doctrinal. También abordó la responsabilidad individual frente al mensaje religioso. “La salvación es ofrecida, pero no impuesta”, sostuvo, al subrayar que el rechazo a la fe no responde a sanciones externas, sino a decisiones personales. En ese punto, advirtió que la verdad exige una respuesta concreta: conversión y coherencia de vida, lo que coloca presión tanto en fieles como en la estructura pastoral.
El mensaje avanzó hacia una crítica interna sobre el ejercicio del ministerio. La homilía planteó la necesidad de evitar una práctica reducida a funciones administrativas y llamó a los obispos y sacerdotes a asumir un rol cercano a la comunidad. “Pastores cercanos, no funcionarios”, fue la línea que sintetizó el planteamiento, en consonancia con el llamado del Papa Francisco.
En el terreno vocacional, el posicionamiento fue directo: más que hablar de una crisis de vocaciones, se propuso reconocer una falla en los procesos de acompañamiento. La reflexión colocó el problema en la falta de mecanismos eficaces para orientar a los fieles en la identificación de su llamado, lo que desplaza el debate de la escasez numérica a la calidad del acompañamiento institucional.
La jornada continuó con mesas de trabajo orientadas al diálogo y al discernimiento, con el objetivo de definir rutas de acción frente a los desafíos actuales. El enfoque, según lo expuesto, busca articular una respuesta que no se limite al diagnóstico, sino que derive en ajustes concretos en la práctica pastoral y en la promoción vocacional dentro de la Iglesia en México.

