Semillas de Comunión…El Pastor que no huye ante el dolor

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, inicio esta semana pidiendo la bendición de Dios para cada uno de ustedes, especialmente para quienes cargan enfermedad, cansancio o soledad, y para las familias que lloran a sus muertos y desaparecidos en estos años marcados por la violencia. Presento también ante el Señor a quienes viven con alguna incapacidad y necesitan del amor cercano de sus hogares. Hoy elevo esta oración con la certeza de que el Espíritu Santo sigue dando frutos en medio de nuestras heridas.

El evangelio de San Juan 10, 11-18 me coloca nuevamente frente a la verdad que sostiene mi ministerio y mi vida: Jesús se presenta como el buen pastor que da la vida por sus ovejas. No es asalariado, no huye, no abandona, no se esconde cuando el lobo aparece. Él conoce a cada uno por su nombre y su entrega inaugura una vida que la muerte no puede cancelar. Esta palabra me interpela porque revela lo que significa amar en serio: permanecer, escuchar, cargar, acompañar, sostener.

En estos años he escuchado historias que encarnan este evangelio. Hace poco una familia me hablaba del padre que perdieron durante la pandemia. Era médico. Nunca dejó de servir. Su esposa me dijo: “Se dedicó en cuerpo y alma hasta el final”. Y pienso en tantas religiosas que cuidan ancianos, en doctores que no descansan, en padres y madres que sostienen hogares enteros, en personas que se entregan sin esperar reconocimiento. Son rostros concretos del buen pastor en medio de nosotros.

Hoy, mientras celebramos la fiesta del buen pastor, reconozco que Jesús no se queda muerto. Su entrega es la garantía de que la vida tiene la última palabra. Y en un mundo donde ignoramos historias, donde escuchamos poco y juzgamos rápido, Él me recuerda que conoce mi vida y me invita a conocer la de los demás. Esa relación personal es la que transforma, la que abre caminos de servicio, la que nos hace responsables de las ovejas heridas y marginadas. El Papa Francisco lo ha dicho con claridad: todos debemos tener “olor a oveja”. No es metáfora; es misión.

Como cristiano y como pastor, entiendo que el amor se verifica en el servicio. No en discursos, no en intenciones, sino en la capacidad de acercarme a quien sufre, de escuchar su historia, de dejarme tocar por su realidad. Cuando conozco la vida del otro, nace en mí la fuerza para ayudarlo. Y cuando miro a Jesús, descubro que su voz sigue resonando en mi interior para que yo no huya, para que no me convierta en asalariado de mis propios intereses, para que sea pastor de mis hermanos, especialmente de los más débiles.

Por eso hoy le digo al Señor: buen pastor resucitado, gracias por llamarme por mi nombre. Dame un corazón semejante al tuyo, un corazón que permanezca, que acompañe, que cuide, que construya unidad y paz. Que tu voz me guíe para que, habiendo experimentado tu amor, pueda cuidar y amar a quienes me rodean, formando contigo un solo rebaño.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y los acompañe siempre.

Ver también