Cada vez que Mason Miller toma la lomita con ventaja en las entradas finales, el desenlace parece escrito. “Juego terminado”, dijo Fernando Tatis Jr. el sábado por la noche, y el domingo el guion volvió a cumplirse cuando el cerrador de San Diego completó otra actuación dominante para asegurar la victoria 2-1 sobre los Angelinos en el Angel Stadium.
Miller extendió su racha sin permitir carrera a 32.2 entradas, quedándose a un inning del récord de la franquicia impuesto por Cla Meredith en 2006. En su labor del domingo retiró a los tres bateadores que enfrentó, los últimos dos por la vía del ponche, en una demostración que ya se ha vuelto habitual desde su llegada al club.
El dominio del derecho ha alcanzado niveles históricos. Desde el inicio de la temporada ha enfrentado a 38 bateadores y solo cuatro han logrado embasarse, dos por sencillos y dos por bases por bolas. Ha ponchado a 27 de ellos, para un porcentaje de ponches del 71.1%, la cifra más alta registrada para un lanzador en sus primeras 11 apariciones de una campaña desde al menos 1900.
La racha de Miller, que comenzó después de permitir dos carreras en su segunda aparición con los Padres el 5 de agosto pasado, lo coloca en una conversación que suele reservarse para nombres legendarios. La marca más larga sin permitir carrera en la era moderna pertenece a Orel Hershiser, quien lanzó 59.0 entradas consecutivas sin daño en 1988.
Más allá de la velocidad que supera las 100 millas por hora y de un slider que ha desconcertado a bateadores de toda la liga, el manager Craig Stammen destacó otro aspecto clave: la consistencia emocional del lanzador. “No podemos perdernos solo en lo fuerte que lanza o lo devastador de su slider”, señaló. “El hecho de que sea la misma persona casi cada vez que sube a la lomita es impresionante. Eso es lo más difícil de lograr como lanzador”.
Con Miller cerrando la puerta y la ofensiva aportando lo necesario, los Padres continúan sumando victorias en juegos cerrados, respaldados por un brazo que hoy luce prácticamente intocable.

