En la pretemporada más costosa de cualquier equipo de la NFL, los Cincinnati Bengals irrumpieron en el Draft 2026 con una estrategia que transformó la ausencia de una primera ronda en una ventaja operativa. Para cuando cayó la noche del sábado, el equipo había completado una clase celebrada por analistas y respaldada por un mensaje interno: volver a la contienda en la AFC Norte con jugadores capaces de competir desde el primer día.
Las evaluaciones externas marcaron el tono. Sporting News les otorgó una A, CBS Sports una A-, Pro Football Focus una B+ y SI.com una B. La narrativa coincidió en un punto: los Bengals maniobraron con precisión en un escenario donde otros equipos habrían acusado la presión. La operación que abrió el proceso —el intercambio con los Giants por Dexter Lawrence— fue considerada parte integral de la clase. “El director de personal, Duke Tobin, hizo un buen trabajo sin una selección de primera ronda, y conseguir a Dexter Lawrence de los Giants debería considerarse dentro de esta clase”, señaló Sporting News .
El viernes por la noche, Cincinnati completó su reconstrucción defensiva de 200 millones de dólares y dedicó el sábado a reforzar la ofensiva aérea que sostiene a Joe Burrow como uno de los pasadores más precisos de la liga. El entrenador Zac Taylor sintetizó el enfoque: “Todos tienen mucho potencial. Esa es la forma más sencilla en que puedo decirlo” .
La clase estuvo marcada por un patrón: jugadores que superaron obstáculos y construyeron su valor desde la adversidad. Cashius Howell, ala defensiva de Texas A&M, llegó tras un recorrido que inició sin reclutamiento significativo y que lo obligó a demostrar su nivel en Bowling Green. Conner Lew, centro de Auburn, se mantuvo entre los mejores de su posición pese a una rotura de ligamento cruzado. Colbie Young, receptor de Georgia, inició en un junior college tras la pandemia y regresó de una fractura para cerrar su carrera. Landon Robinson, tackle defensivo de Navy, se convirtió en el primer All-American de su escuela en 40 años sin haber sido invitado al Combine. La identidad del grupo quedó clara: resiliencia como punto de partida.
Incluso en la séptima ronda, el mensaje se mantuvo. Jack Endries, ala cerrada de Texas, expresó su postura sin rodeos: “Voy a hacer que todos los equipos que no me seleccionaron paguen” .
La directiva explicó cómo se desarrolló el tablero. El subdirector general Mike Potts detalló que Howell se mantuvo en la cima de su lista desde el viernes por la noche hasta que lo seleccionaron en la segunda ronda. Trey Brown celebró la llegada del cornerback Tacario Davis, un perfil físico que encaja en la tendencia de la franquicia hacia esquineros altos y agresivos. “No hay muchos jugadores en esa posición capaces de cambiar de dirección, alinearse y jugar con intensidad física en la línea de golpeo”, afirmó Brown .
El sábado, la cuarta ronda se convirtió en el punto de inflexión. Steven Radicevic lo resumió con una frase que capturó el ambiente: “Fue una cuarta ronda muy entretenida. Nos benefició el intercambio” . La maniobra con los Jets permitió obtener las selecciones 128 y 140, utilizadas para Lew y Young, dos jugadores que Taylor aseguró que le habrían dado “dulces sueños” si hubiera sabido que estarían disponibles.
El análisis interno fue directo: Cincinnati tenía necesidades, pero no forzó decisiones. “Nunca sentí que ‘tenemos que cubrir esta posición, así que elijamos a este jugador’. Nunca fue así”, explicó Taylor, destacando que el valor coincidió con las prioridades del equipo .
Las primeras cuatro selecciones ilustran la estructura del plan: Howell para reforzar el perímetro defensivo, Davis como tercer cornerback, Lew como sucesor potencial de Ted Karras y Young como competidor directo por el rol de tercer receptor. Jugadores con margen de desarrollo, pero con capacidad de impacto inmediato.
El cierre del fin de semana dejó una declaración clara. “No buscamos reclutar jugadores del equipo de práctica”, sentenció Taylor. “Buscamos reclutar jugadores que creemos que tienen la oportunidad de venir aquí y competir” .
En una AFC Norte que se perfila como una de las divisiones más exigentes de la liga, los Bengals enviaron un mensaje: no solo están reconstruyendo, están rearmando una identidad basada en talento probado, competitividad interna y una convicción renovada de que pueden volver a disputar el protagonismo.

