En un contundente mensaje, el padre Julio César Fajardo Aguilar, rector del Templo de la Columna y responsable de la Pastoral de la Salud de la Conferencia del Episcopado Mexicano (C.E.M.), instó a los fieles a practicar el perdón y el amor hacia sus enemigos como una de las pruebas más difíciles, pero esenciales, del cristianismo.
Durante su homilía, el sacerdote reflexionó sobre la venganza y el rencor como cadenas que esclavizan el alma, asegurando que el verdadero camino de la fe es romper el ciclo de violencia. “Jesús no nos llama a sentir bonito por nuestros enemigos, sino a desearles el bien, aunque dentro de nosotros sintamos el impulso de la venganza”, explicó.
El mensaje del padre Fajardo cobró especial relevancia ante el contexto de inseguridad y violencia que aqueja al país. “Nos preocupamos por lo que ha pasado en los últimos días en las calles, en los bares, en las carreteras. Pero la solución no es poner más policías o buscar culpables; el problema está en el corazón humano. Si no detenemos la cadena de odio en nuestras casas, esta continuará destruyéndonos”, advirtió.
El sacerdote recordó que el cristianismo no promueve la pasividad ante la injusticia, sino una respuesta activa basada en el amor y la misericordia. “La venganza nunca es buena. Cuando atentamos contra nuestro enemigo, el único que se envenena es uno mismo”, dijo, citando la historia bíblica de David, quien tuvo la oportunidad de asesinar a su perseguidor, el rey Saúl, pero eligió perdonarlo.
Asimismo, resaltó la importancia de la justicia y la misericordia como principios inseparables. “La misericordia no exime la justicia, la supone. Si es necesario denunciar un acto de maltrato, se debe hacer, pero sin caer en la espiral de odio”, expresó.
Finalmente, el padre Fajardo hizo un llamado a los creyentes a ser reflejo del amor divino en un mundo donde la venganza y la violencia parecen ser la norma. “La única manera de transformar la sociedad es mostrando el rostro misericordioso de Dios, amando a los enemigos, poniendo la otra mejilla y pareciéndonos al Padre”, concluyó.

