Padre Julio César Fajardo Aguilar llama a la conversión desde la raíz en homilía de Adviento

by Enlace Noticias

En el templo de la rectoría del Señor de la Columna, el Padre Julio César Fajardo Aguilar centró su homilía dominical en el segundo domingo de Adviento en el tema de la luz como símbolo de revelación y razón, destacando que no se trata únicamente de un recurso para juzgar el mundo desde el Evangelio, sino de una fuerza interior que revela la verdad del corazón y exige conversión profunda.

El sacerdote subrayó que la lectura bíblica sobre el vástago del tronco de Jesé representa la necesidad de un cambio que surge desde la raíz, y no en la apariencia. En ese sentido, insistió en que la conversión implica “enderezar lo torcido y abrir nuevos caminos”, siguiendo las indicaciones de Juan el Bautista. Señaló que para la fe cristiana no existe un tronco tan torcido que no pueda ser corregido, y que la misa es un espacio para creer en la posibilidad de transformación personal.

La homilía incluyó ejemplos concretos de actitudes y hábitos que requieren corrección, como la impuntualidad, las palabras ofensivas y las relaciones deterioradas. El Padre Fajardo advirtió que los ritos carecen de sentido si no se acompañan de un cambio real, y que la conversión debe demostrarse con obras.

El mensaje también abordó la necesidad de modificar la forma de relacionarse con los demás, evocando la imagen bíblica de la convivencia entre animales opuestos como símbolo de reconciliación. El sacerdote recalcó que la conversión no puede reducirse a propósitos superficiales de año nuevo, sino que debe ser un proceso profundo que transforme pensamientos, acciones y vínculos.

En su exposición, comparó la poda de una planta con la decisión de cortar hábitos, palabras o relaciones que no dan fruto, recordando que el proceso de conversión implica dolor, pero es indispensable para crecer espiritualmente.

Finalmente, el Padre Julio César Fajardo Aguilar exhortó a los fieles a dedicar tiempo al silencio y a la confesión en las semanas previas a la Navidad, como preparación para escuchar la voz de Dios y permitir que su luz y fuego transformen la vida. Concluyó con el llamado a “enderezar los senderos torcidos y abrir caminos nuevos”, en concordancia con el mensaje del Evangelio en el tiempo de Adviento.

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