En la homilía del Tercer Domingo de Pascua, el presbítero Julio César Fajardo Aguilar, rector del Templo del Señor de la Columna en Morelia, expuso una reflexión centrada en el pasaje evangélico de los discípulos de Emaús, subrayando tres ejes que, afirmó, permiten reconocer la presencia del Resucitado: la comunidad, la Palabra y la fracción del pan. El sacerdote sostuvo que estos elementos no son símbolos abstractos, sino experiencias concretas donde la fe se vuelve verificable.
Desde el inicio, el presbítero recordó que el relato de Emaús se proclama también el mismo día de la Resurrección, y lo utilizó para plantear una pregunta central: “¿Dónde está el Resucitado?”. A partir del texto, afirmó que la primera respuesta está en el otro, en la comunidad que camina unida. Citó el pasaje donde Jesús se acerca a los discípulos y les pregunta por su tristeza, destacando que el Resucitado se manifiesta como un compañero que escucha y acompaña. “El lugar donde vamos a hablar del resucitado es en el otro”, señaló, insistiendo en que la presencia de Cristo se reconoce en la vida comunitaria y en la asamblea litúrgica.
El segundo punto de la homilía se centró en la fuerza de la Palabra. El sacerdote recordó que Jesús llama “insensatos” a los discípulos y les explica las Escrituras, provocando que su corazón “arda”. Subrayó que la Palabra no es un texto muerto, sino un mensaje vivo que ilumina y transforma. “Es un texto que palpita, que tiene venas y arterias”, expresó, enfatizando que la Escritura es un lugar privilegiado para encontrar al Resucitado.
El tercer eje de la reflexión se concentró en la fracción del pan, momento en el que los discípulos finalmente reconocen a Jesús. Fajardo Aguilar explicó que este gesto es el centro de la celebración eucarística y recordó que los primeros cristianos llamaban a la misa fractio panis. Señaló que la manifestación del Resucitado ocurre en tres verbos: agradecer, bendecir y compartir. “Lo reconocieron al partir el pan”, citó, destacando que la presencia de Cristo se hace visible cuando alguien es capaz de donarse y partirse por los demás.
El sacerdote advirtió que la gratitud es un acto fundamental del creyente y criticó la cultura del merecimiento que, dijo, elimina la capacidad de agradecer. “El que merece no agradece”, afirmó, llamando a recuperar gestos cotidianos de reconocimiento. Sobre el acto de bendecir, explicó que significa “decir el bien” y sostuvo que, en un entorno saturado de malas noticias, los cristianos están llamados a pronunciar palabras que construyan. Finalmente, al hablar de compartir, señaló que la generosidad concreta es un signo visible de la presencia del Resucitado.
En la parte final de la homilía, el presbítero invitó a la comunidad a repetir la súplica de los discípulos: “Quédate con nosotros, Señor”, especialmente en los momentos de cansancio y oscuridad. Afirmó que la luz de Cristo es más fuerte que cualquier sombra y que su presencia permanece donde se vive la gratitud, la bendición y la entrega.
La homilía concluyó recordando que la celebración pascual no es un recuerdo simbólico, sino una experiencia actual de encuentro con el Resucitado en la comunidad, en la Palabra y en la Eucaristía, donde —dijo— “late vivo el Resucitado”.

