Con la presencia de más de mil promotores de paz de distintas regiones del país, el 30 de enero de 2026 comenzó en el ITESO el Segundo Encuentro Nacional de Diálogo por la Paz, concebido como un espacio de escucha y reflexión ante la persistencia de violencia y la fractura del tejido social en México.
Durante la inauguración, el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Héctor Mario Pérez, afirmó que este segundo encuentro surge del dolor acumulado del primero y de las ausencias que continúan aumentando. Señaló que la paz no puede mantenerse como un deseo abstracto y requiere responsabilidad cotidiana y acciones verificables. Subrayó que el diálogo, pese a su complejidad, es un instrumento indispensable para transformar la realidad.
El arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, dio la bienvenida a los asistentes y llamó a encender la paz desde la vida cotidiana. Explicó que, frente a quienes buscan inhibirla mediante la violencia, el encuentro pretende fortalecerla desde espacios inmediatos como la familia, la escuela, el barrio y el trabajo. Añadió que la construcción de paz exige análisis permanente, diálogo sostenido y acciones concretas en los territorios.
En este contexto, el secretario ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, Jorge Atilano, presentó el recorrido y las etapas del movimiento, surgido como respuesta al impacto social de la violencia. Explicó que el proceso busca articular a diversos actores —académicos, familias buscadoras, jóvenes, empresarios, comunidades indígenas, migrantes, autoridades y organizaciones sociales— para compartir prácticas y generar acuerdos que permitan condiciones reales de paz.
Atilano detalló que, en tres años y medio, el movimiento ha transitado por varias fases: la elaboración de la Agenda Nacional de Paz en 2023; la firma de los Compromisos por la Paz por autoridades de distintos niveles en 2024; y la implementación de proyectos locales en 2025 orientados a la reconstrucción comunitaria. Anunció el inicio de una cuarta etapa enfocada en compartir metodologías y articular esfuerzos con mayor alcance.
El encuentro continuará como un espacio de reflexión y coordinación entre Iglesia, sociedad civil y comunidades afectadas, con el objetivo de construir respuestas colectivas frente a la violencia, la polarización y la desconfianza institucional.

