En el marco de la misa dominical celebrada en la Parroquia de San Pedro y San Pablo, el sacerdote Salvador Cisneros Rodríguez centró su homilía en una reflexión sobre la identidad de Jesucristo, al tiempo que advirtió sobre la proliferación de doctrinas e ideologías que, según expresó, buscan confundir especialmente a niños y jóvenes en relación con la figura central del cristianismo.
Basado en el pasaje evangélico en el que Jesús pregunta a sus discípulos “¿Quién dice la gente que soy yo?”, el presbítero retomó la respuesta de Pedro —“Tú eres el Mesías de Dios”— como fundamento para exponer que, en la actualidad, existen interpretaciones que, a su juicio, desvirtúan o niegan la naturaleza divina de Cristo.
Durante la homilía, Cisneros hizo referencia directa a grupos religiosos que —afirmó— niegan la Trinidad o reinterpretan la figura de Jesús desde visiones ajenas a la doctrina católica. “Incluso hay quienes afirman que Cristo no existió, que fue una invención de la Iglesia”, indicó, tras subrayar que “Cristo no es un invento de la Iglesia, sino que es él quien la instituyó”.
El sacerdote insistió en que la fe cristiana debe sostenerse sobre la cruz como símbolo de entrega y compromiso, y planteó que seguir a Cristo implica aceptar el sufrimiento como parte del camino espiritual. “El que quiera seguirme, que tome su cruz de cada día”, citó, al tiempo que enumeró las distintas “cruces” cotidianas que, según su mensaje, enfrentan las personas: desde la pobreza hasta el desgaste laboral y las dificultades familiares.
La predicación incluyó una exhortación a no abandonar los valores fundamentales del cristianismo ante lo que calificó como “cruces del mundo”, en referencia a desafíos sociales y culturales que, afirmó, alejan a las personas de la fe. Finalmente, Cisneros concluyó con un llamado a vivir la fe con coherencia, fidelidad y compromiso, reconociendo en Cristo crucificado la base del mensaje cristiano.
La homilía se enmarca en un contexto regional donde distintas expresiones religiosas coexisten y donde el clero católico mantiene una postura constante sobre el reforzamiento de la doctrina tradicional frente a discursos que considera divergentes o contrarios a su interpretación de las Sagradas Escrituras.

