El anuncio del 1 de abril de 2026 marcó un giro inesperado en la conducción de la política exterior mexicana. Juan Ramón de la Fuente Ramírez informó que dejaría la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores por motivos de salud, debido a nuevos procedimientos médicos y un periodo de rehabilitación. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo agradeció su trabajo y expresó su expectativa de que, una vez recuperado, pueda reincorporarse al proyecto gubernamental. De manera simultánea, anunció la designación del subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco Álvarez, como nuevo titular de la Cancillería, sujeto a ratificación del Senado.
El relevo ocurre en un momento de alta exigencia diplomática y obliga a un reacomodo inmediato en la estructura de la SRE. Desde la Cámara de Diputados, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Pedro Vázquez González, emitió un posicionamiento en el que reconoció la gestión de De la Fuente, destacando su “conducción responsable” de la política exterior y su disposición permanente al diálogo con el Congreso. Subrayó su “vocación de servicio” y su “firme compromiso con el país”, al tiempo que deseó su pronta recuperación.
El diputado también respaldó el nombramiento de Roberto Velasco, señalando que su trayectoria y experiencia en negociaciones internacionales aportan “certidumbre y confianza” para asumir la responsabilidad de encabezar la Cancillería. Afirmó que la Comisión de Relaciones Exteriores será un “aliado dispuesto a acompañar, reforzar y complementar” las acciones del nuevo canciller en defensa de los intereses del país.
El mensaje legislativo incorporó una de las frases más contundentes del posicionamiento: la necesidad de que la política exterior mantenga “rectoría pública, soberanía nacional, transparencia y disciplina hacendaria” en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, revisión del T-MEC y competencia por atraer inversión. El énfasis en estos elementos refleja la expectativa de continuidad institucional pese al relevo en la SRE.
La salida de De la Fuente y la inminente ratificación de Velasco abren una nueva etapa en la diplomacia mexicana, en la que el Congreso anticipa un papel activo de acompañamiento y supervisión. El proceso de transición se convierte así en un punto de observación clave para evaluar la capacidad del gobierno federal de sostener su agenda internacional en medio de un entorno global complejo y de alta presión estratégica.

