Durante la homilía dominical celebrada en la Parroquia de la Columna, el sacerdote Julio César Fajardo Aguilar —rector del templo y secretario nacional de la pastoral de la salud— abordó tres ejes temáticos derivados del Evangelio: la capacidad del ser humano para relacionarse con lo divino, la función de los bienes materiales en la vida cristiana, y la necesidad de ordenar el amor en función del mensaje evangélico.
Fajardo inició su reflexión con una interpretación del concepto “Homo capax Dei”, contenido en el Catecismo de la Iglesia Católica, destacando que, pese a la fragilidad humana, el individuo conserva la posibilidad de vincularse con Dios. En este sentido, subrayó que la revelación divina es accesible a todos, independientemente de su nivel educativo o condición social.
En un segundo bloque, el sacerdote analizó el papel de los bienes materiales, señalando que no deben ser considerados como fines en sí mismos, sino como medios para servir, glorificar a Dios y contribuir a la salvación personal. Rechazó la idea de que la riqueza o la pobreza definan la virtud moral de las personas, y advirtió sobre el riesgo de establecer vínculos desordenados con el dinero, el consumo y la propiedad. En este contexto, citó el principio ignaciano del “tanto cuanto”, que propone utilizar las cosas en la medida en que contribuyan a la vida espiritual.
Fajardo también denunció prácticas de abuso económico hacia adultos mayores en el contexto de la entrega de pensiones, señalando la presencia de personas que se aprovechan de los beneficiarios. Esta observación fue presentada como un ejemplo de distorsión en la relación con los bienes y la ética comunitaria.
En el tercer eje, el sacerdote abordó la necesidad de ordenar el amor, estableciendo que el vínculo con Dios debe estar por encima de cualquier relación afectiva. Explicó que el amor desordenado puede generar dependencia emocional y distorsionar la percepción de la realidad, comparándolo con el “modo retrato” de los dispositivos móviles, donde solo el objeto en primer plano aparece nítido y todo lo demás queda difuminado.
La homilía concluyó con una reflexión sobre la libertad interior que se alcanza al ordenar correctamente los bienes y los afectos. Fajardo afirmó que esta libertad permite al creyente vivir con plenitud, incluso en condiciones adversas, y citó el ejemplo de San Pablo, quien, aun encarcelado, se consideraba libre por su vínculo con Cristo.
El mensaje fue presentado con referencias a la cultura popular, el marketing comercial y experiencias cotidianas, con el objetivo de ilustrar los conceptos teológicos en un lenguaje accesible para los asistentes.

