Durante meses, los Dodgers fueron el blanco de cada rival que buscaba fisuras en su reinado. Algunos lograron incomodarlos. Otros los hicieron sangrar. Pero ninguno logró quebrarlos. Como una tormenta que se alimenta de la presión, el equipo angelino se fortaleció en la segunda mitad de la temporada y entró a octubre con una convicción arrolladora. En la noche del viernes, esa fuerza se convirtió en leyenda.
En el Juego 4 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, Shohei Ohtani firmó una de las actuaciones más memorables en la historia de la postemporada de Grandes Ligas. Tres jonrones majestuosos, seis entradas en blanco desde la lomita y una presencia que eclipsó cualquier intento de resistencia por parte de los Cerveceros. El marcador final, 5-1, selló el pase de los Dodgers a su segunda Serie Mundial consecutiva y coronó a Ohtani como Jugador Más Valioso de la serie.
“¡Caramba, eso fue especial!”, exclamó Freddie Freeman, aún incrédulo. “Hoy ocurrió lo inevitable: Shohei. Todavía no tengo palabras”.
La noche comenzó con una chispa y terminó con una explosión. Brice Turang abrió el juego con una base por bolas, pero Ohtani respondió con tres ponches consecutivos. Luego, como si el guion lo escribiera él mismo, abrió la parte baja de la primera entrada con un jonrón. Los Dodgers anotaron dos veces más en ese episodio y otra en la cuarta, cuando Ohtani envió la pelota a 469 pies rumbo a las montañas de San Gabriel. En la séptima, con el público de pie, conectó su tercer cuadrangular, esta vez al jardín central izquierdo. El Dodger Stadium estalló. Menos de una hora después, el equipo celebraba su segundo banderín consecutivo.
Ohtani no solo rompió récords. Se convirtió en el primer lanzador en la historia de las Grandes Ligas en abrir un juego de postemporada con un jonrón. También fue el primer pitcher de los Dodgers en conectar un cuadrangular en playoffs. “A veces hay que tocarlo para asegurarse de que no sea de acero”, bromeó Freeman. “Esto será recordado como ‘El partido de Shohei Ohtani’”.
Los Cerveceros, líderes en victorias durante la temporada regular, fueron superados sin mayores complicaciones. El cuerpo de lanzadores de los Dodgers, integrado por Snell, Glasnow, Ohtani y Yamamoto, permitió apenas dos carreras en 28 2/3 entradas, con una efectividad combinada de 0.63. La maquinaria angelina, que tambaleó a mitad de año por las lesiones, se reconstruyó con el regreso de Snell y Glasnow, y con el brazo de Ohtani finalmente en acción tras meses como bateador exclusivo.
Desde entonces, los Dodgers han ganado nueve de sus primeros diez partidos de postemporada. Esperan ahora al vencedor entre Azulejos y Marineros para definir su rival en la Serie Mundial. El objetivo es claro: convertirse en el primer equipo en ganar campeonatos consecutivos desde los Yankees de 1998 a 2000.
Pat Murphy, mánager de los Cerveceros, lo resumió antes del juego decisivo: “Shohei Ohtani podría ser el mejor jugador de béisbol del mundo en este momento… Freddie Freeman nos ha tocado el corazón muchas veces de forma equivocada… Mookie Betts, lo que está haciendo en el béisbol es increíble”.
Pero Los Ángeles es más que sus estrellas. Es una tormenta que se alimenta de cada obstáculo. Y esta vez, arrasó con todo.

