Desde que se anunciaron los grupos del Clásico Mundial de Béisbol 2026, el calendario marcó una fecha con tinta gruesa: el choque entre México y Estados Unidos en Houston. Con ambos equipos llegando invictos a la cita, el duelo de este lunes adquiere el peso anticipado desde el primer día.
México llega con marca de 2-0 tras vencer 8-2 a Gran Bretaña y aplicar un nocaut de 16-0 a Brasil. Estados Unidos, por su parte, superó 15-5 a Brasil y 9-1 a la selección británica. Italia completa el trío de invictos del Grupo B, lo que convierte la llave en una carrera de tres equipos por dos boletos. El ganador del México‑Estados Unidos asegurará su pase a cuartos de final.
La rivalidad reciente entre ambas selecciones alimenta el ambiente. México ha ganado tres de los últimos cuatro enfrentamientos en Clásicos, incluido el 11-5 de 2023 en Phoenix. El manager Benjamín Gil lo resumió con claridad: la rivalidad nació del éxito mexicano en el terreno, no de una expectativa previa.
El duelo en el montículo presenta un contraste marcado. Estados Unidos enviará al derecho Paul Skenes, ganador del Cy Young de la Liga Nacional en 2025, quien hará su debut en Clásicos. México apostará por Manny Barreda en un esquema que apunta a ser un juego de bullpen. La victoria por nocaut ante Brasil permitió a México reservar a sus relevistas principales, quienes llegarán con dos días de descanso.
Skenes anticipa un ambiente intenso en Daikin Park, mientras que Gil mantiene su enfoque en la ejecución diaria. Para el manager mexicano, el reto no pasa por comparar rosters, sino por ser el mejor equipo del día. La respuesta a los comentarios de Mark DeRosa sobre tener “los mejores 30 jugadores del mundo” fue directa: varias potencias podrían disputar ese título, pero el juego se define en nueve entradas.
Con ambos equipos en ritmo, con la afición mexicana llenando el estadio en cada presentación y con un boleto a cuartos en juego, el duelo de este lunes promete un ambiente de postemporada. Así se mueve el tablero, así se mueve el poder.

