Cuando todo parecía perdido, los Tigres de Detroit sacaron las garras y devolvieron el golpe con una remontada que quedará en la memoria de su afición. Abajo 3-0 en el marcador y con la serie en contra, el equipo dirigido por A.J. Hinch se levantó con furia en el Comerica Park para vencer 9-3 a los Marineros de Seattle y forzar un decisivo Juego 5 en el T-Mobile Park. Por segundo año consecutivo, Tarik Skubal será el encargado de subir al montículo en un duelo de vida o muerte.
La tarde comenzó con signos de resignación. Los Tigres acumulaban ocho derrotas consecutivas en casa desde el 7 de septiembre y los abucheos se mezclaban con los vítores de los familiares de los Marineros. Casey Mize fue retirado tras tres entradas, y Hinch desplegó una estrategia agresiva desde el bullpen, utilizando a Finnegan, Holton y Melton para mantener el juego al alcance. “Era todos manos a la obra”, explicó el mánager. “La mejor oportunidad para ganar era mostrarles muchos lanzadores distintos”.
La ofensiva tardó en despertar, pero lo hizo con estruendo. Spencer Torkelson abrió el quinto episodio con un sencillo, seguido por un doble remolcador de Dillon Dingler que encendió la chispa. Jahmai Jones, como emergente, conectó otro doble que acercó a los Tigres, y Javier Báez empató el juego con un hit por el centro tras rozar el jonrón por la línea del jardín izquierdo.
El sexto episodio fue el punto de quiebre. Riley Greene, con cuenta de 1-0, cazó un slider colgado de Gabe Speier y lo mandó a 454 pies, su segundo cuadrangular más largo en postemporada. “Fue un jonrón, y pusimos otra carrera en la pizarra, eso fue lo único que importó”, declaró Greene. Cinco bateadores después, Báez volvió a aparecer con un cuadrangular de dos carreras que selló una entrada de cuatro anotaciones y transformó la tensión en júbilo.
Troy Melton, novato con apenas tres días de descanso tras abrir el Juego 1, lanzó tres entradas sin permitir carreras y se llevó la victoria. Su actuación silenciosa fue clave para sostener la remontada y preparar el escenario para Skubal, quien volverá a ser el hombre de confianza en el Juego 5. “Después de estar abajo 3-0, casi sentías que la temporada se acababa”, confesó el zurdo. “Que nuestros peloteros lucharan y siguieran fajándose fue enorme para nosotros”.
La garra volvió. También la fe. En series al mejor de cinco, los equipos que han estado abajo 2-1 y ganan el cuarto juego han remontado la serie en el Juego 5 en el 58 por ciento de los casos. Los Tigres creen. Y cuando creen, son difíciles de detener.

