La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) emitió un pronunciamiento en el que expresa su solidaridad con la Diócesis de Tarahumara, ante los recientes hechos de violencia registrados en el municipio de Guachochi, Chihuahua. En el comunicado, los obispos del país condenan la pérdida de vidas humanas y advierten sobre el estado de impunidad que, según señalan, se ha normalizado en la región.
El mensaje, difundido por la CEM, subraya que “nada puede justificar la violencia ni el miedo impuesto a comunidades inocentes”, y llama a las autoridades de todos los niveles de gobierno a garantizar condiciones de seguridad, justicia y paz duradera para la población afectada. La postura eclesial se suma al repudio expresado por la diócesis local ante los ataques que han cobrado la vida de personas ajenas a los conflictos armados.
Los obispos advierten que la impunidad no solo perpetúa la violencia, sino que “hiere el corazón del pueblo”, debilitando el tejido social y la confianza en las instituciones. En este contexto, la Iglesia reafirma su compromiso de trabajar por una cultura de paz, reconciliación y respeto a la dignidad humana, acompañando con fe y esperanza a las familias que enfrentan el dolor de la pérdida.
El comunicado concluye con una invocación espiritual, pidiendo que Cristo, Rey de la Paz, y Santa María de Guadalupe, Madre del pueblo Tarahumara, acompañen y consuelen a las comunidades afectadas.
El pronunciamiento se inscribe en un contexto de creciente preocupación por la violencia en zonas indígenas del norte del país, donde organizaciones civiles y religiosas han denunciado la presencia de grupos armados, desplazamientos forzados y ausencia de respuesta institucional. La exigencia del Episcopado se suma a los llamados de diversos sectores que demandan acciones concretas para frenar la violencia y restablecer el orden en regiones vulnerables.

