El anuncio de COPARMEX sobre la creación de su Comisión de Deporte marcó el arranque de una jugada estratégica que coloca al Mundial 2026 en el centro del tablero económico. En un encuentro con Mikel Arriola, comisionado de la Federación Mexicana de Futbol, y Gabriela Cuevas, representante de México ante la FIFA, el organismo patronal delineó un escenario en el que el torneo deja de ser únicamente un espectáculo deportivo para convertirse en un motor de inversión, infraestructura y desarrollo regional.
La conversación giró en torno a un Mundial que, por primera vez, se disputará en tres países, con 16 ciudades sede y 48 selecciones, un formato que amplía su impacto y lo proyecta como un evento de alcance continental. En ese contexto, COPARMEX subrayó que México, Estados Unidos y Canadá integran un bloque económico de más de 500 millones de habitantes y un PIB conjunto superior a los 33 billones de dólares, cifras que explican por qué la Copa del Mundo se perfila como una oportunidad de gran escala para el sector productivo.
El balón también pasó por el terreno del fútbol mexicano, presentado como un pilar económico que aporta alrededor del 0.6 por ciento del PIB nacional, genera más de 147 mil empleos y concentra una afición de más de 62 millones de personas. La Liga MX, valuada en cerca de 13 mil millones de dólares, fue destacada como una de las ligas con mayor asistencia en el mundo, lo que la convierte en una plataforma atractiva para inversión y expansión regional.
En la cancha empresarial, las oportunidades se multiplican. El Mundial implicará inversiones superiores a los 8 mil millones de dólares en infraestructura urbana, transporte, aeropuertos y estadios en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Las proyecciones estiman la llegada de 5.5 millones de visitantes adicionales y una derrama económica que superará los 3 mil millones de dólares, con efectos directos en turismo, empleo y actividad productiva.
COPARMEX insistió en que el torneo debe asumirse como una oportunidad para construir un legado económico y social duradero, lo que exige fortalecer condiciones como la seguridad, el Estado de Derecho, la certeza jurídica y el acceso a energía competitiva. El mensaje fue claro: el Mundial no solo se juega en la cancha, también se disputa en el terreno de las políticas públicas y la capacidad del país para generar un entorno propicio para la inversión.
El encuentro dejó una lectura contundente. El Mundial 2026 ya no es únicamente un evento deportivo; es un proyecto de alcance regional que abre un espacio para que las empresas mexicanas entren al juego con visión estratégica. La pelota está en movimiento y el reloj avanza rumbo a una cita que puede redefinir la relación entre deporte, economía y desarrollo en México.

