El Espíritu como fuerza vital ante la fragilidad humana: reflexiones de Pentecostés en Morelia

by Enlace Noticias

Durante la celebración de la fiesta de Pentecostés en el templo del Señor de la Columna en Morelia, el presbítero Julio César Fajardo Aguilar compartió una homilía centrada en la figura del Espíritu Santo como fuerza necesaria para sostener la vida cristiana, en medio de un entorno marcado por el cansancio social, la fragilidad humana y los retos de la comunicación.

A más de 50 días de la celebración de la Pascua, el sacerdote recordó que Pentecostés representa no solo el fin del tiempo pascual, sino también una experiencia fundacional para la Iglesia, al conmemorar el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Subrayó que esta presencia divina no es nueva, sino constante a lo largo de la historia bíblica, desde la creación hasta la guía de los profetas.

En su predicación, Fajardo propuso tres ejes de reflexión. El primero abordó el Espíritu como impulso comunicativo, subrayando que el don de hablar otorgado en Pentecostés es símbolo de libertad. Según su explicación, el hablar del creyente no es solo una acción funcional, sino expresión de una relación interior con Dios. “Los esclavos no hablan”, dijo, al referirse a la necesidad de romper silencios impuestos por el miedo o la represión.

El segundo punto giró en torno a la dificultad de vivir el evangelio, lo que —afirmó— hace indispensable la acción del Espíritu. Puso como ejemplo los desafíos del perdón, la fidelidad y la perseverancia, señalando que el ser humano, por sí mismo, no logra sostener la vida evangélica sin la asistencia del Paráclito. Mencionó que la vocación, la vida matrimonial o el seguimiento a Jesús después de un retiro son experiencias que evidencian esa necesidad de ayuda sobrenatural.

El tercer aspecto abordó el agotamiento generalizado en la sociedad contemporánea. Citando ideas de la “sociedad del cansancio”, apuntó que la vida moderna ha dificultado el descanso, y que este puede verse como una forma de resistencia frente a dinámicas laborales o tecnológicas que exigen productividad constante. En contraste, planteó que el Espíritu Santo se manifiesta también como “sombra refrescante”, capaz de revitalizar al creyente desde el interior.

La homilía concluyó con una invitación a invocar con frecuencia al Espíritu, no solo como parte de una liturgia, sino como acto cotidiano frente a las dificultades y la necesidad de renovación espiritual. Señaló que, así como la luz solar permite el crecimiento de los frutos, la presencia del Espíritu permite al creyente dar fruto en medio de las adversidades.

El sacerdote enfatizó que no se trata de pedir milagros ni prodigios, sino de reconocer que hay realidades —como el perdón o la sanación del duelo— que rebasan las capacidades humanas, y que requieren una fuerza superior para ser vividas.

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