Con motivo del Día del Padre y en el contexto litúrgico de la solemnidad de la Santísima Trinidad, el sacerdote Julio César Fajardo Aguilar hizo un llamado a la reconciliación con la figura paterna, tanto en el plano humano como espiritual. En su homilía dominical en el Templo de la Columna, abordó las heridas, ausencias y silencios que han marcado la experiencia de la paternidad en muchas familias, proponiendo un ejercicio de memoria, perdón y gratitud.
“El mundo tiene dificultad para aceptar a Dios como Padre porque la experiencia de la paternidad humana está dañada”, expresó. Al mismo tiempo, sostuvo que la imagen de Dios Padre debe ser rescatada como presencia constante, en contraposición al abandono o la indiferencia. “Dios no se fue por los cigarros. Dios se quedó”, enfatizó.
Sanar la relación con el padre
Durante su intervención, el sacerdote compartió anécdotas personales y recomendaciones prácticas para renovar el vínculo con los padres. Invitó a los asistentes a realizar un ejercicio de diálogo con ellos, mediante preguntas sencillas que promuevan el conocimiento mutuo. «Muchos no sabemos ni siquiera lo más básico de la historia de nuestros padres», señaló.
También propuso tres acciones concretas para este día: conocer, agradecer y perdonar. “No nos toca salvar a nuestros padres. Nos toca comprenderlos y aceptar que nos amaron como pudieron”, dijo, citando el testimonio de un joven que, tras años de conflicto, logró reinterpretar el amor paterno desde una perspectiva más compasiva.
La ausencia —ya sea física o emocional— fue abordada como una realidad que debe ser enfrentada desde la reconciliación. “Si hoy hay que llorar a los padres difuntos, háganlo; pero no se esperen para reconocer lo que sí hubo”, apuntó.
El padre como testimonio visible
En la parte final de su mensaje, Fajardo compartió una tradición simbólica del entorno sacerdotal: al morir el padre de un sacerdote, se le coloca en las manos la estola usada por su hijo como signo del fruto que entregó a Dios. “Ese es su legado: no los bienes materiales, sino los hijos que educó y amó”, explicó.
Con un tono pastoral, exhortó a quienes tienen a su padre con vida a compartir una comida, a dedicar tiempo y a revalorar su papel dentro del hogar. “Hoy no es un día para señalar, ni para hacer demandas. Es un día para honrar al que se quedó, al que trabaja, al que ama”, concluyó.

