Cuando la serie parecía inclinarse sin remedio y la barrida se asomaba como una amenaza concreta, los Rangers apostaron por su carta más fiable. Jacob deGrom subió al montículo con la responsabilidad de frenar a la ofensiva más temida del momento, y respondió como lo ha hecho a lo largo de su carrera: con autoridad, control y dominio.
El arranque fue abrupto. Apenas el primer pitcheo encontró el swing de Shohei Ohtani, quien mandó la pelota del otro lado de la barda. Un golpe inmediato, un aviso de la potencia que enfrentaba. Pero lejos de tambalearse, deGrom ajustó, afinó la puntería y transformó el juego en un ejercicio de precisión. Durante seis entradas, el derecho desactivó a la artillería de Los Ángeles, permitiendo apenas cuatro imparables —todos sencillos tras el cuadrangular inicial— y recetando nueve ponches que silenciaron el ritmo ofensivo rival.
La recta alcanzó las 98.6 millas por hora y su repertorio se volvió inalcanzable. El slider, en particular, fue un arma quirúrgica: cinco de los ponches llegaron por esa vía, en una noche donde acumuló 15 swings fallidos, su cifra más alta en la temporada. Incluso cuando otorgó tres boletos, uno de ellos intencional a Ohtani, el control del juego nunca se le escapó.
Mientras el abridor tejano imponía condiciones desde la lomita, la ofensiva respondió con consistencia. Evan Carter, colocado en la parte alta del orden, negoció dos pasaportes y conectó un cuadrangular solitario que marcó el pulso del encuentro. Brandon Nimmo mantuvo el ritmo que había mostrado la jornada anterior, sumando dos imparables y produciendo un par de carreras. Josh Smith, que llegaba con números discretos, también aportó con una remolcada que consolidó la ventaja.
Los Rangers, que habían rozado la remontada en los dos juegos previos, encontraron esta vez la combinación exacta entre pitcheo y bateo. El resultado, una victoria de 5-2 que no solo evitó la barrida, sino que reafirmó el valor de contar con un brazo como el deGrom en momentos de presión.
Con 15 aperturas en su historial frente a los Dodgers, el veterano presume una efectividad de 2.35 y más de un centenar de ponches, números que reflejan una constante: cuando el escenario exige carácter, su respuesta suele inclinar la balanza. En una gira exigente, Texas encontró en su as no solo una victoria, sino un punto de equilibrio para sostenerse en pie.

