Garrett Crochet sabía exactamente lo que exigía el momento. En el undécimo juego de una temporada que había comenzado con un desplome histórico para Boston, el as tomó la pelota en un Fenway Park frío y tenso, consciente de que su equipo necesitaba una actuación que cambiara el ánimo. Y respondió con la versión que en el clubhouse llaman “Bestia”.
Frente a él estaba Jacob Misiorowski, el fenómeno de Milwaukee que abrió el juego ponchando a cinco bateadores consecutivos y lanzando rectas de tres dígitos. El duelo se convirtió en una pulseada de poder desde el primer inning, pero Crochet sostuvo la presión durante seis entradas de alto nivel antes de agotarse en la séptima. Su labor fue suficiente para que los Medias Rojas frenaran la caída y se impusieran 3-2 ante 33,193 aficionados que necesitaban una noche así.
Boston llegó al martes con marca de 2-8, apenas la novena vez en su historia con un inicio tan pobre. Pero Crochet devolvió estabilidad. En 6.1 episodios permitió cinco hits, dos carreras, dos bases por bolas y ponchó a siete. Salió del juego tras golpear a David Hamilton con las bases llenas en su lanzamiento número 107, dejando el montículo con la pizarra 3-1 y el público de pie.
El batazo clave llegó en el sexto inning. En un duelo sin anotaciones, Trevor Story rompió el cero con un doble productor de dos carreras hacia el rincón del jardín izquierdo. Ese swing cambió el ritmo del juego y dio a Boston la ventaja que necesitaba para sostenerse.
Misiorowski, dominante en los primeros episodios, finalmente cedió ante la ofensiva de Boston, que aprovechó su única ventana para golpear. Crochet, por su parte, volvió a mostrar el nivel que lo ha convertido en el punto más alto del equipo en este inicio turbulento.
La victoria deja a los Medias Rojas a un triunfo de asegurar su primera serie de la temporada. En una campaña que comenzó cuesta arriba, la noche del martes ofreció un respiro y un recordatorio: cuando Crochet entra en modo “Bestia”, Boston tiene una oportunidad real de competir.

