En el Foro sobre Narco-Terrorismo de la CPAC, un espacio marcado por la tensión geopolítica y el debate sobre la seguridad hemisférica, el diputado federal Mario Zamora sostuvo un encuentro de alto nivel con Sara Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca, posición conocida en Estados Unidos como la “zar antidrogas”. La reunión, discreta pero significativa, colocó sobre la mesa un enfoque mexicano que busca articular salud pública, regulación y desarrollo económico frente al desafío del narcotráfico.
Carter encabeza una de las oficinas más estratégicas del gobierno estadounidense: desde la ONDCP coordina la política antidrogas federal, alinea agencias de seguridad, justicia, salud e inteligencia, y define prioridades de cooperación internacional en medio de la crisis de opioides y el avance de redes criminales transnacionales. Su interlocución con Zamora representó, por ello, una oportunidad para abrir un canal técnico en un tema que domina la agenda bilateral.
Durante el diálogo, el diputado expuso un modelo integral que combina ciencia, regulación y desarrollo regional. Planteó la necesidad de impulsar investigación farmacéutica regulada, fortalecer el control sanitario y la trazabilidad, promover cooperación tecnológica y generar alternativas económicas que funcionen como herramientas preventivas en territorios vulnerables. Su propuesta, explicó, parte de una premisa clara: enfrentar el fenómeno desde la salud pública, la evidencia científica y la regulación estricta.
Zamora llevó la conversación hacia un terreno que en México aún genera resistencias: la posibilidad de abrir un debate serio y técnicamente sustentado sobre la regulación y legalización controlada de opioides bajo supervisión médica, así como del CBD. Enfatizó que este enfoque podría tener un impacto particular en Sinaloa, donde la creación de rutas legales de inversión, empleo formal y oportunidades para jóvenes podría reducir la dependencia de economías ilícitas y fortalecer el control sanitario.
El planteamiento fue recibido con interés por Carter, quien señaló que revisaría la propuesta y se comprometió a sostener una reunión formal de seguimiento, ya sea en Washington, D.C. o en México. El objetivo: profundizar en los alcances regulatorios y en la cooperación técnica que podría derivarse de este primer acercamiento.
El encuentro, aunque breve, abrió un espacio inusual para que México coloque en la agenda bilateral un enfoque moderno y verificable, donde seguridad, salud pública y desarrollo económico operen como un solo frente. En un foro dominado por narrativas de confrontación, la intervención de Zamora introdujo una ruta alternativa: una estrategia que busca transformar el combate a las drogas desde la regulación, la ciencia y la prevención, y no únicamente desde la fuerza.

