“Una cruz que también educa”: el carisma salesiano víctimal en la vida del Beato Luis Variara

by Enlace Noticias

En enero, la Iglesia celebra al Beato Luis Variara, sacerdote salesiano que encarnó una dimensión profunda y poco conocida de la espiritualidad de Don Bosco: la entrega total a Dios como víctima de amor, en favor de los más sufrientes.

Mientras la espiritualidad salesiana es ampliamente reconocida por su alegría, cercanía con la juventud y enfoque educativo, existe una vertiente más profunda que también forma parte del legado de San Juan Bosco: el carisma salesiano víctimal. Esta forma de vida implica ofrecerse voluntariamente como víctima de amor, en reparación por los pecados del mundo y en favor de los más necesitados, especialmente los que sufren.

Uno de sus exponentes más claros fue el Beato Luis Variara, joven misionero italiano que, tras formarse en el Oratorio de Valdocco y bajo el espíritu salesiano, fue enviado a Agua de Dios, Colombia, donde entregó su vida al servicio de los enfermos de lepra. Allí no solo brindó asistencia y consuelo, sino que vivió su misión como una verdadera ofrenda espiritual, uniendo su vida al sufrimiento de Cristo y al de los marginados.

En 1905 fundó el Instituto de las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, conocidas como Salesianas Víctimas, con el objetivo de extender ese mismo espíritu de reparación, oración y sacrificio a través de la vida consagrada. La congregación sigue viva hoy, especialmente en América Latina.

El carisma víctimal no contradice la alegría salesiana, sino que la eleva a una forma más profunda de amor, donde incluso el sufrimiento se transforma en ofrenda, comunión y redención. En palabras de quienes lo promueven, se trata de una cruz que también educa y salva, vivida con fe y generosidad silenciosa.

Luis Variara fue beatificado por San Juan Pablo II en 2002 y su figura continúa siendo fuente de inspiración para quienes buscan vivir el carisma salesiano desde una espiritualidad más mística y oblativa, sin dejar de lado la ternura, la esperanza y la alegría que caracterizan el legado de Don Bosco.

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