Semillas de Comunión…Tocar el borde que nos devuelve la esperanza

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, como cada lunes pongo en la presencia de Dios a todos nuestros enfermos. Oro por quienes hoy necesitan fuerza, serenidad y confianza para sostener su cuerpo y su espíritu. También presento ante el Señor a nuestros hermanos desaparecidos, a quienes han muerto víctimas de la violencia y a sus familias que siguen esperando, llorando y resistiendo. Pido por las personas con discapacidad y por quienes los cuidan con amor silencioso, para que descubran en medio de la fragilidad la presencia viva de Cristo.

Hoy meditamos el Evangelio según san Marcos (6, 53-56). Jesús llega a Genesaret y, apenas toca tierra, la gente lo reconoce. Corren hacia Él desde todas partes, llevan a sus enfermos en camillas, los colocan en las calles y le suplican que les permita tocar siquiera la punta de su manto. Y el texto es contundente: “cuantos lo tocaban quedaban curados.”

Mientras contemplo esta escena, pienso en cuántas veces buscamos a Dios solo cuando la necesidad nos aprieta. Recuerdo a aquel joven que me decía: “Siempre fui a misa por cumplir, hasta que la vida me llevó a tocar la puerta de Dios con verdadera urgencia.” Su historia —marcada por la dificultad de concebir un hijo— me recuerda que la fe suele despertar cuando el corazón se quiebra y reconoce que no puede solo.

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús como el sanador compasivo, el que devuelve dignidad, el que restaura no solo el cuerpo, sino también la pertenencia a la comunidad. La enfermedad, lo sabemos, aísla; la compasión de Cristo reintegra.

Me conmueve la actitud de la gente de Genesaret: no se paralizan por el dolor, no se resignan. Hacen lo que está en sus manos para acercarse a Jesús. Y ese gesto sencillo —estirar la mano, tocar el borde del manto— se convierte en un acto de fe que abre la puerta a la sanación.

Hoy, como sociedad, necesitamos recuperar ese movimiento interior: atrevernos a acercarnos a Dios en medio de nuestras crisis, no desde la evasión, sino desde la verdad. Porque Jesús no se queda en los templos; camina por nuestras plazas, nuestras calles, nuestros hogares, nuestras heridas. Él desembarca cada día en el Genesaret de nuestra vida cotidiana.

También el Evangelio nos recuerda nuestra misión: llevar a otros hacia Jesús. No solo a los enfermos del cuerpo, sino a quienes se han enfriado en la fe, a quienes viven desorientados, a quienes han perdido la esperanza. Somos llamados a ser puentes, no muros; acompañantes, no jueces.

Hoy le digo al Señor:
Jesús, ayúdame a reconocerte en el trajín de cada día, como te reconoció la gente de Genesaret. Te confío mis dolores físicos y las heridas de mi alma. Dame la fe suficiente para tocar, aunque sea el borde de tu presencia sanadora. Líbrame del miedo y de la indiferencia. Espíritu Santo, hazme instrumento de tu paz para llevar a los que sufren hacia tu encuentro, compartiendo la misericordia que he recibido gratuitamente. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.
No desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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