Semillas de Comunión…“Cuando el corazón se endurece, la sociedad se rompe”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy me reúno nuevamente con ustedes para esta oración que nos acompaña cada día y que, en este tiempo cuaresmal, se vuelve un llamado urgente a revisar el rumbo de nuestra vida personal y social. Pido al Espíritu Santo que ilumine nuestra mente y ablande nuestro corazón, porque solo así podemos escuchar la voz de Dios que sigue hablándonos con claridad.

Hoy he tomado para nuestra reflexión la primera lectura de la Santa Misa, del profeta Jeremías (7, 23-28). Es una palabra fuerte, directa, que no se disfraza ni se suaviza:
“Escuchen mi voz y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo.”
Pero el pueblo no escucha. Camina según sus propias ideas, según la terquedad de su corazón. Da la espalda a Dios.

Mientras meditaba este pasaje, pensaba en nuestra realidad actual: guerras, violencia, deshumanización, indiferencia. Y surge la pregunta que muchos se hacen: ¿Dónde está Dios en medio de tanto dolor?
La respuesta es tan sencilla como dolorosa: Dios está donde lo hemos puesto… fuera.
Fuera de nuestras decisiones, fuera de nuestras familias, fuera de nuestras escuelas, fuera de nuestra conciencia social.

La voz de Jeremías resuena hoy con la misma fuerza. Dios no pide sacrificios vacíos ni religiosidad superficial. Pide obediencia, escucha, coherencia. Pide un corazón capaz de dejarse corregir. Y aquí está el punto que más me confronta: la desobediencia no es solo romper un mandamiento, es seguir la obstinación del propio egoísmo.

En esta cuaresma, el Señor nos invita a romper la roca de nuestro corazón endurecido con el martillo de su Palabra. Nos invita a dejar de llamar “bien” a lo que es mal, a dejar de justificar la mentira, la corrupción, la violencia, la indiferencia.
La verdad muere cuando callamos el pecado.
La sociedad se rompe cuando el corazón se endurece.

El Papa nos ha recordado al inicio de este tiempo santo que necesitamos volver a poner a Dios en el centro: en la vida personal, en la familia, en la comunidad, en la sociedad. No como un adorno religioso, sino como fundamento de justicia, de paz y de dignidad humana.

Hoy, desde esta columna, quiero hablarle a nuestra sociedad con la sinceridad que exige el Evangelio:
hemos caminado lejos de Dios y eso tiene consecuencias.
Pero también quiero decir con esperanza: si escuchamos su voz, si dejamos que su Palabra nos toque, todavía podemos volver.

Señor, Dios de nuestros padres, en esta cuaresma te pido perdón por tantas veces que hemos cerrado nuestros oídos a tu voz. Perdón por la fe de apariencias, por la dureza del corazón, por la indiferencia ante el dolor del hermano. Danos un corazón dócil, capaz de escuchar, capaz de cambiar.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y los acompañe siempre.

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