Semillas de comunión…Tiempo de volver al Señor

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, en este amanecer vuelvo a experimentar cómo la oración trae a nuestro corazón paz, fortaleza y alegría. En la oración descubro también el deseo profundo de ser mejor, de escuchar con fe la palabra de Jesús, de permitir que el Espíritu Santo transforme nuestra vida y la haga agradable a Dios.

Hoy medito la palabra tomada del profeta Oseas. Israel aparece como una viña frondosa, bendecida, fecunda. Sin embargo, mientras más abundaban sus frutos, más se multiplicaban sus altares paganos. Mientras más prosperaba el país, más se enriquecían los monumentos dedicados a los ídolos. Su corazón estaba dividido y terminó pagando las consecuencias de haber olvidado que toda bendición procede de Dios. La idolatría —esa tentación de poner nuestra confianza en lo que no salva— terminó por derrumbar todo aquello en lo que habían puesto su seguridad.

Esta palabra toca con fuerza nuestra realidad. En muchas conversaciones familiares escucho el dolor que provoca la delincuencia, la violencia, la soberbia de quienes se creen dueños de regiones enteras. Recuerdo el testimonio de un hombre sencillo que trabajaba en los tianguis, que tenía un pequeño puesto de ropa junto al de su compañero. Dios lo había bendecido con una familia y una casa modesta, pero un día desvió su camino. Hoy es el jefe que manda con violencia, intimidación y muerte. La abundancia alimentó su orgullo, el poder se convirtió en soberbia, la seguridad material desplazó la confianza en el Señor.

También ahora vemos cómo algunos grupos delincuenciales se dejan seducir por la ilusión de un poder absoluto. Se creen intocables, se creen dueños de la vida de los demás. Pero quien siembra violencia termina cosechando sufrimiento. Quien desprecia la dignidad humana termina destruyendo su propia humanidad.

La palabra de Dios nos cuestiona igualmente a quienes ejercemos alguna autoridad. Cuando el servicio se transforma en privilegio, cuando la responsabilidad pública se convierte en beneficio personal, cuando el cargo se utiliza para abusar de los demás o favorecer intereses particulares, se repite el pecado denunciado por el profeta. La autoridad pierde su legitimidad cuando se aleja de la verdad, de la justicia y del bien común.

Pero el mensaje no es solo para los poderosos. También es para nosotros, ciudadanos comunes. No podemos lamentar la corrupción mientras toleramos pequeñas deshonestidades propias. No podemos exigir justicia mientras permanecemos indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos. No podemos esperar una sociedad mejor sin comprometernos personalmente con la verdad, la honestidad y la solidaridad, aunque sea en pequeños gestos cotidianos. El tejido social se fortalece cuando cada persona asume su vocación de construir la paz.

El profeta concluye con una invitación luminosa: Siembren justicia y cosecharán misericordia. Preparen sus tierras para la siembra, porque es tiempo de buscar al Señor. La verdadera transformación de nuestra sociedad comienza con nuevos corazones. Comienza cuando dejamos de justificar el mal, cuando renunciamos a la indiferencia, cuando elegimos la verdad aunque cueste, cuando sembramos justicia aunque parezca poco.

Señor, Dios nuestro, que conoces el corazón de cada persona, mira con misericordia nuestra sociedad herida por la violencia, la corrupción y la indiferencia. Derriba toda soberbia que se oponga a tu voluntad y convierte los corazones endurecidos por el poder, la ambición y el egoísmo. Fortalece a nuestros ciudadanos para que sean responsables, comprometidos con la verdad, la justicia y la construcción de la paz.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y los acompañe siempre.

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