Semillas de Comunión…“Perdonar de corazón: la revolución que comienza en lo íntimo”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy hago un alto en mi caminar pastoral para compartir con ustedes una reflexión que brota de la oración diaria y del Evangelio que la Iglesia nos propone. He leído, meditado y orado este pasaje de San Mateo que nos invita a mirar de frente una de las experiencias más humanas y más difíciles: el perdón.

Mientras guardo ese silencio que tanto necesitamos para escuchar a Dios, el Espíritu Santo me ilumina y me recuerda que el mensaje de Jesús no es una teoría, sino una forma concreta de vivir. Y hoy, Jesús me habla con claridad: el perdón no tiene límites cuando nace de un corazón que ha sido tocado por la misericordia divina.

Pedro se acerca a Jesús con una pregunta que también resuena en nuestra sociedad: “¿Cuántas veces tengo que perdonar?” Él piensa que siete veces es suficiente, incluso generoso. Pero Jesús rompe nuestros cálculos y nuestras defensas: “No solo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.”

No es una cuenta matemática. Es una forma radical de decir: si Dios me ha perdonado tanto, ¿cómo no voy a perdonar yo?

He visto, como ustedes, cómo el rencor se instala en nuestras familias, cómo las ofensas se vuelven muros entre hermanos, cómo la violencia nace de corazones heridos que nunca encontraron consuelo. Y mientras contemplo el Evangelio, comprendo que la mayor incoherencia del cristiano no es equivocarse, sino recibir el perdón de Dios y negarlo a los demás.

El ejemplo que Jesús nos presenta es contundente: un hombre perdonado de una deuda impagable es incapaz de perdonar una deuda mínima. Y me pregunto, mirando nuestra realidad: ¿cuántas veces actuamos así? ¿Cuántas veces exigimos justicia sin ofrecer misericordia? ¿Cuántas veces olvidamos que también nosotros hemos sido levantados, sostenidos y perdonados por Dios?

Hoy, como pastor de esta Iglesia que peregrina en Morelia, les hablo desde mi propia experiencia espiritual: el resentimiento nos encadena, el perdón nos libera. El rencor nos consume, la misericordia nos reconstruye. La paz no llega cuando el otro cambia, sino cuando nuestro corazón se abre a la gracia.

El Papa Francisco nos recuerda que Dios nunca se cansa de perdonar; somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón. Y yo, en este momento, pido al Señor que nos conceda un corazón semejante al suyo, capaz de mirar con compasión, de sanar con ternura y de perdonar con valentía.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas en nuestras necesidades; líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los acompañe siempre y haga fecunda esta semilla de comunión en cada hogar, en cada corazón y en toda nuestra sociedad. Amén.

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