Semillas de Comunión…Mi lámpara, Señor: estar preparados hoy

by Enlace Noticias

Escribo estas líneas desde la certeza que me regala el Evangelio de este día, mientras contemplo mi propia lámpara interior y me pregunto, como todo discípulo, si su luz sigue ardiendo con la fuerza que Dios espera de mí. Hoy, en la fiesta de San Agustín, la Palabra me coloca frente a una verdad que no puedo ignorar y que deseo compartir con toda la sociedad: la fe solo permanece viva cuando la alimentamos cada día.

He meditado la parábola de las diez jóvenes que salen al encuentro del esposo. La escucho y la siento actual, urgente, dirigida a nosotros que vivimos entre prisas, distracciones y promesas de “mañana”. Jesús me habla con claridad: no basta tener lámpara, es necesario tener aceite. Y ese aceite no se improvisa, no se pide prestado, no se compra a última hora. Ese aceite se construye en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo silencioso.

Mientras reflexiono, pienso en San Agustín, cuya vida entera fue una búsqueda incansable de Dios. Él entendió que la conversión no es un acto aislado, sino una lámpara que debe mantenerse encendida con fidelidad, con obras, con caridad, con una relación auténtica con el Señor. Su ejemplo me interpela y me impulsa a hablarle hoy a nuestra sociedad con franqueza: no podemos vivir de una fe dormida, de una fe aplazada, de una fe sin aceite.

En esta parábola, todas las jóvenes se duermen. Todas. También yo, también tú, también nuestra comunidad. La diferencia no está en la perfección, sino en la preparación. Las prudentes prevén que la espera puede prolongarse; las descuidadas confían en que habrá tiempo después. Y ese “después” es el gran engaño espiritual de nuestro tiempo.

Hoy, como pastor, reconozco que muchas veces mantenemos prácticas externas, pero dejamos que la relación interior con Dios se apague lentamente. Por eso me pregunto y te pregunto: ¿cómo está el aceite de tu lámpara hoy? No mañana, no cuando tengas tiempo, no cuando pase la crisis. Hoy.

El aceite se acumula en gestos sencillos: una oración honesta, una eucaristía vivida con fe, un perdón que cuesta, una reconciliación buscada, una obra buena hecha sin aplausos.

Ese aceite es tuyo, es personal, nadie puede producirlo por ti. Nadie puede creer, amar, convertirse o responder a Dios en tu lugar. La puerta que se cierra en la parábola no es amenaza, es un llamado a la seriedad de la vida espiritual. La vida es el tiempo que Dios nos da para responderle.

Hoy, como arzobispo, como hermano, como creyente, afirmo que Jesús nos invita a vivir la espiritualidad del presente. A no posponer la gracia. A no dejar para mañana la conversión, la oración, la reconciliación, la caridad. Si el Señor viniera hoy —y viene cada día— ¿cómo encontraría mi lámpara?

En esta fiesta de San Agustín, cuya búsqueda de Dios sigue iluminando a la Iglesia, pido al Señor que mantenga despierto nuestro corazón. Que no nos deje caer en la tentación del “después”. Que nos regale la alegría de estar preparados, vigilantes, disponibles.

Porque solo quien cuida su lámpara puede entrar al banquete. Y solo quien alimenta su fe puede reconocer al Esposo cuando llega.

Que la Santa Madre de Dios nos cubra bajo su amparo y que el Señor bendiga siempre nuestras lámparas, para que nunca falte en ellas el aceite de la fidelidad.

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