Semillas de Comunión “Lo que Dios ha soñado para nosotros”

by Enlace Noticias

Hoy me dirijo a ustedes, queridos hermanos, desde la hondura de una verdad que el evangelio vuelve a colocar frente a nuestros ojos. He leído y meditado la Palabra de este día, tomada de San Mateo, y mientras la reflexiono, siento que Jesús me habla con una claridad que no permite evasivas, pero también con una ternura que abraza las heridas de nuestra historia.

La oración en familia —lo digo con plena convicción— sigue siendo un pilar que sostiene la vida cristiana. Cuando dos o más se reúnen en su nombre, el Señor está ahí, y su presencia ilumina incluso los temas más difíciles, como el que hoy nos plantea el evangelio: la fidelidad en el matrimonio, la comunión de vida, el sueño de Dios para el hombre y la mujer.

Mientras escucho a Jesús responder a los fariseos, comprendo que Él no se queda atrapado en discusiones legales. Él va al origen, al corazón, al sueño primero: “Los dos serán una sola carne.” Y en ese momento, siento que el Señor me recuerda que el matrimonio no es un contrato que se firma, sino una alianza que se vive; una alianza que participa del amor fiel de Dios por su pueblo.

Pero también veo los rostros de quienes han sufrido. Pienso en aquella mujer que me decía con tristeza que tenía cinco años sin entrar a la casa de sus padres porque se casó con un hombre divorciado. Pienso en tantos que no soñaron con separarse, que lucharon, que lloraron, que cargaron cruces que solo Dios conoce. Y en mi corazón nace una certeza: esta enseñanza de Jesús no es una piedra que se lanza contra nadie.

Yo mismo, como pastor, he aprendido que la verdad sin misericordia se vuelve fría, y la misericordia sin verdad se vuelve vacía. Jesús nunca humilló a quien llegaba herido. Primero miró con amor, luego levantó, después acompañó. Así lo hizo con la samaritana, así con la mujer sorprendida en adulterio, así lo sigue haciendo hoy.

Por eso, mientras escribo estas palabras, reafirmo que la Iglesia sostiene el ideal del matrimonio indisoluble, pero también abraza a quienes han vivido el dolor de la ruptura. No condena para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. Acompaña, escucha, discierne, camina al ritmo de cada historia, sin rebajar la verdad y sin perder la misericordia.

Hoy quiero decirle a nuestra sociedad que necesitamos comunidades que no se limiten a repetir normas, sino que se conviertan en hogares donde los heridos encuentren acogida. Necesitamos familias que oren juntas, que se escuchen, que se perdonen, que se sostengan. Necesitamos recordar que el amor verdadero no es un sentimiento pasajero, sino una decisión que se renueva cada día.

El evangelio me impulsa a sostener dos convicciones inseparables: amar sin rebajar la verdad y anunciar la verdad sin perder la misericordia. Ese es el camino que Jesús nos muestra, ese es el camino que deseo para Morelia, para nuestras familias, para cada corazón que busca luz en medio de la confusión.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y acompañe siempre.

Tu luz.

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