Semillas de comunión…“Grande es quien sirve”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hago un alto en este día para ponerme, junto con ustedes, en la presencia de Dios. Pido al Espíritu Santo que ilumine nuestra mente y nuestro corazón, y que la palabra de Jesús dé fruto en nuestra vida. Hoy el Evangelio, tomado de San Marcos 10, 32‑45, vuelve a confrontarme con una verdad que nunca deja de incomodarnos: la verdadera grandeza nace del servicio.

Jesús camina decidido hacia Jerusalén. Va delante, sin titubeos, consciente de la cruz que lo espera. Sus discípulos, en cambio, avanzan entre el asombro y el miedo. Mientras Él piensa en entregarse, ellos piensan en ascender. Mientras Él contempla la cruz, ellos imaginan tronos. Y cuando Santiago y Juan se acercan para pedir los primeros lugares, Jesús les responde con una frase que resuena hoy con fuerza: “No saben lo que piden.”

Esa incomprensión no es ajena a nuestra vida. También nosotros, aun dentro de la fe, podemos buscar reconocimiento, prestigio, privilegios. Podemos desear ser vistos, aplaudidos, considerados importantes. Podemos caer en la tentación de creer que la grandeza se mide por el lugar que ocupamos y no por la entrega que ofrecemos.

Hace unos días fui invitado al aniversario de una empresa. Había un gran festejo, trabajadores y familias reunidos. Pero lo que me sorprendió no fue la celebración, sino la escena central: los dueños, los jefes, los patrones, estaban sirviendo la comida a sus trabajadores. Ellos, que podían ocupar el lugar de honor, eligieron el lugar del servicio. Y esa imagen me recordó el Evangelio de hoy. La verdadera autoridad no se impone, se ofrece. La verdadera grandeza no se exige, se construye desde abajo.

Jesús reúne a los Doce y les dice: “El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos.” No es una frase decorativa. Es el corazón del Evangelio. Es la lógica del Reino. Es el camino que Él mismo recorre cuando entrega su vida por la redención de todos.

Hoy, como pastor, me pregunto y les pregunto: ¿qué lugar buscamos en nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestro trabajo? ¿El lugar visible o el lugar útil? ¿El aplauso o la entrega? ¿El reconocimiento o la disponibilidad? Jesús no nos invita a ser importantes, nos invita a ser servidores. Y servir no es humillación, es libertad. Servir no es perder, es ganar sentido. Servir no es rebajarse, es elevar el corazón.

Señor Jesús, maestro y servidor, tú caminas delante de nosotros hacia Jerusalén. Enséñanos a caminar contigo. Arranca de nuestro corazón el deseo de honores y prestigios. Danos un corazón humilde, capaz de servir con alegría. Enséñanos a beber tu cáliz, a cargar nuestra cruz cotidiana y a descubrir que amar es darse sin medida. Que en nuestra familia, en nuestra comunidad y en nuestra misión, aprendamos a vivir como tú: sirviendo y entregándonos por los demás.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y los acompañe siempre.

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