Semillas de Comunión…“Cuando la Palabra toca lo más hondo”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy inicio este mes de septiembre —día de la Divina Providencia— con una certeza que me acompaña siempre: Dios sostiene nuestra vida con una ternura que no falla. En este amanecer pido que en cada hogar haya pan, trabajo, serenidad y, sobre todo, la fortaleza de su presencia. Invoco al Espíritu Santo para que ilumine nuestros corazones y encienda en ellos el fuego de su amor.

El evangelio que meditamos hoy, tomado de San Lucas, me confronta profundamente. Jesús enseña en la sinagoga de Cafarnaúm y su palabra provoca asombro, porque habla con autoridad. En medio de esa enseñanza aparece un hombre poseído que grita: “Sé quién eres tú, el Santo de Dios.” El demonio reconoce a Jesús, sabe perfectamente quién es, pero no quiere pertenecerle. Y ahí está la clave que hoy deseo compartir con ustedes.

Pienso en aquella casa que visité hace tiempo, llena de imágenes, altares y devociones. Sin embargo, la persona que vivía ahí estaba aislada, amargada, desconfiada de todos. Su vida no reflejaba la fe que decoraba sus paredes. Y comprendí que uno puede rodearse de símbolos religiosos y aun así mantener el corazón lejos de Dios.

Hoy lo digo con claridad: no basta saber quién es Jesús; es necesario dejar que su palabra transforme nuestra vida. El demonio reconoce a Cristo, pero no lo sigue. Nosotros podemos repetir el credo, conocer el evangelio, hablar de Dios, incluso defenderlo… y aun así permanecer sin conversión, sin cambio, sin apertura.

La verdadera fe se manifiesta cuando aquello que confesamos con los labios se vuelve estilo de vida: cuando nuestras decisiones, nuestros pensamientos y nuestras relaciones se dejan tocar por la autoridad de Jesús. Su palabra no es información; es fuerza que libera, sana y reconstruye. Cuando Cristo entra de verdad en el corazón, algo cambia: la manera de perdonar, de servir, de amar, de mirar a los demás.

Por eso hoy me pregunto —y les pregunto a ustedes, sociedad que busca esperanza—: ¿qué está cambiando en nuestra vida porque creemos que Jesús es el Señor? La mejor profesión de fe no es la que pronunciamos, sino la que los demás pueden ver en nuestra conducta.

En este día de la Divina Providencia, reconozco a Jesús como el Santo de Dios, pero le suplico que mi fe no se quede en palabras. Deseo que su autoridad toque mis pensamientos, mis decisiones y mis obras. Quiero pertenecerle, seguirlo, amarlo y servirlo con un corazón dócil.

Bajo el amparo de la Santa Madre de Dios, pido que ella nos libre de los peligros que nos apartan de su Hijo y nos conduzca a vivir como verdaderos discípulos.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los acompañe siempre.

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