Semillas de comunión…“Cuando Jesús me pregunta si lo amo”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, en estos días en que la Iglesia vive la espera de Pentecostés, mi oración permanece fija en una súplica que nace del corazón creyente: Ven, Espíritu Santo, y llena nuestros corazones con tu luz. Hemos celebrado la Ascensión del Señor y, como los primeros discípulos, permanecemos en oración confiando en la promesa de Jesús: el Espíritu de la verdad viene para guiarnos por el camino del amor y de la paz.

Hoy contemplo el evangelio de San Juan 21, 15-19, ese encuentro decisivo entre Jesús resucitado y Pedro. Cada vez que leo este pasaje, siento que Jesús también me mira a mí, que me pregunta a mí, que me confronta a mí. “¿Me amas?” No me pregunta si soy perfecto, si ya no me equivoco, si he logrado vencer todas mis fragilidades. Me pregunta por el amor, porque ahí comienza toda conversión verdadera.

Recuerdo a un matrimonio que celebraba sus 25 años de vida juntos. Antes de la misa, el esposo me dijo con una sinceridad que me conmovió: “Cuando me casé estaba lleno de ilusiones. Hoy, después de tantos años, descubro que no he cumplido todo lo que prometí. Ya no renuevo mi matrimonio con el entusiasmo de antes, sino con más humildad y más temor de fallar, pero también con más verdad.” Aquella confesión me ha acompañado desde entonces, porque expresa lo que muchos vivimos en la fe: comenzamos con entusiasmo, pero el camino nos revela nuestra fragilidad.

Así llega Pedro ante Jesús. Lo negó tres veces. Conoce su debilidad. Sabe que falló. Y sin embargo, Jesús no lo humilla, no le recuerda su caída, no le exige explicaciones. Solo le pregunta: “¿Me amas?” Tres veces. Una por cada negación. Una por cada herida. Una por cada miedo.

Yo también he experimentado momentos en los que mis errores, mis cansancios o mis silencios me hacen sentir lejos del Señor. Pero descubro que su misericordia siempre abre caminos nuevos. Jesús no cierra la puerta a quien desea volver. La conversión no es un examen moral, es un regreso del corazón. Es permitir que Cristo reconstruya lo que se ha roto, que sane lo que duele, que transforme lo que pesa.

Después de la Ascensión, los discípulos comprenden que seguir al Señor es vivir en continua transformación interior. También hoy Jesús me pregunta: “¿Me amas más que estos?” Y desde mi respuesta —frágil, humilde, sincera— comienza nuevamente mi camino.

Por eso oro así: Señor Jesús, como a Pedro, también a mí me miras con amor aun cuando he sido frágil. Muchas veces mis caídas me hacen dudar de mi capacidad de seguirte, pero hoy descubro que tu misericordia me sostiene. Vuelves a preguntarme en lo profundo del corazón: “¿Me amas?” Dame la gracia de responderte con verdad. Renueva mi vida, fortalece mi fe y ayúdame a volver a ti cada día con un corazón dispuesto a comenzar de nuevo.

María, Madre de la esperanza, acompáñame y llévame siempre hacia el camino de Jesús.

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