Semillas de Comunión…Cuando Dios Recupera el Centro

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy hago un alto en mi jornada para unirme con ustedes en oración. En este espacio interior, donde el Espíritu Santo ilumina los rincones más oscuros de nuestra alma, me dispongo a escuchar la Palabra que transforma, que ordena, que devuelve el rumbo.

El Evangelio que meditamos —Marcos 12, 28-34— nos presenta una pregunta que atraviesa los siglos y sigue interpelando nuestra vida cotidiana: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús responde con claridad luminosa: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y unir inseparablemente ese amor al amor al prójimo. No hay mandamiento mayor.

Mientras reflexiono, recuerdo el comentario de un grupo de personas ante la muerte de un miembro de su comunidad: “Vivió para sí mismo.” Viajes, lujos, compromisos sociales… pero vacío de entrega. Y pienso cuántas veces permitimos que otras cosas —el trabajo, el dinero, la vida social, incluso nuestros propios gustos— ocupen el lugar que solo Dios debe tener.

El escriba del Evangelio comprende que amar a Dios y al prójimo vale más que cualquier sacrificio externo. Y Jesús, al ver su sensatez, le dice: “No estás lejos del Reino de Dios.” Qué frase tan profunda. No basta saber; es necesario ordenar la vida desde ese amor.

En esta cuaresma, el Papa nos invita a volver a poner a Dios en el centro. Y volver a Dios implica escuchar: escuchar su Palabra, escuchar el clamor de quienes sufren, escuchar incluso aquello que nuestra conciencia nos susurra y a veces evitamos. El ayuno que se nos propone no es solo de alimentos, sino de palabras que hieren, de críticas que dividen, de juicios que oscurecen.

Volver a Dios es un camino que no se recorre en soledad. Lo hacemos en familia, en comunidad, en la parroquia, con aquellos que buscan a Dios junto a nosotros. La fe no es un refugio individualista; es un tejido vivo que se fortalece cuando caminamos juntos.

Hoy me pregunto —y los invito a preguntarse conmigo— qué ocupa realmente el centro de nuestra vida. ¿Es Dios? ¿O son otros amores, otras urgencias, otras distracciones que nos alejan de lo esencial? La cuaresma es la oportunidad para purificar la mirada y recuperar el orden interior.

Señor Jesús, en este camino cuaresmal, purifica nuestras intenciones. Que el ayuno nos abra al hambre del hermano, que la oración nos una más profundamente a ti, y que la limosna sea expresión de un amor sin reservas. Danos un corazón que escuche, una mente que busque tu verdad y unas manos que sirvan con alegría.

Que al final de este tiempo podamos decir con verdad: Tú eres el único Señor, y eres el centro de nuestra vida.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas y líbranos de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y acompañe siempre.

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