Semillas de Comunión…“Cuando creer que conocemos a Dios se vuelve nuestro mayor riesgo”

by Enlace Noticias

Abriéndonos el alma, mirarle al corazón.

Como arzobispo, hoy me dirijo a ustedes con la certeza de que el Señor sigue hablándonos en lo sencillo, en lo cotidiano, en aquello que creemos tener ya comprendido. He iniciado esta mañana, como cada día, elevando mi oración por los enfermos, por quienes cargan el peso del dolor en silencio, por las familias que lloran a sus desaparecidos y por quienes viven con alguna discapacidad y dependen de la ternura de otros para sostenerse. En todos ellos descubro el rostro de Cristo que nos mira y nos pide no acostumbrarnos a su presencia.

El Evangelio que meditamos hoy —ese pasaje de Lucas donde Jesús proclama que el Espíritu del Señor está sobre Él— me ha tocado profundamente. Lo escucho y reconozco que su palabra sigue cumpliéndose “hoy mismo”, como Él lo dijo en Nazaret. Pero también veo cómo la familiaridad puede convertirse en un velo que nos impide reconocerlo. Aquellos que lo vieron crecer, que conocían su casa, su oficio, su familia, fueron incapaces de abrir el corazón al misterio que tenían delante. Y esa actitud, tan humana, sigue repitiéndose en nuestra sociedad.

Lo digo con sinceridad: también nosotros corremos el riesgo de creer que ya conocemos suficientemente a Dios. Podemos pasar años dentro de la Iglesia, servir, estudiar, rezar, hablar de Él… y aun así dejar de sorprendernos. He visto personas que viven en los templos, que cuidan cada detalle del culto, pero que han dejado de acercarse a la Eucaristía porque piensan que “ya están cerca de Dios todo el día”. Y en ese pensamiento se esconde una trampa espiritual: la idea de que la cercanía física sustituye la apertura del corazón.

Hoy reconozco que la fe auténtica siempre me coloca en actitud de discípulo. Cuanto más creo conocer a Dios, más descubro que Él es mayor que mis ideas, mis esquemas y mis seguridades. San Agustín lo dijo con fuerza: “Si lo comprendes, no es Dios.” Y esa frase me acompaña mientras miro nuestra realidad nacional, marcada por la violencia, por la indiferencia, por la tentación de encerrarnos en lo que ya creemos saber.

Por eso, hoy hablo a la sociedad con el alma abierta: necesitamos dejarnos sorprender nuevamente por Dios. Necesitamos permitir que su palabra rompa las imágenes cómodas que nos hemos fabricado. Necesitamos reconocer que Él sigue actuando donde menos lo esperamos, en quienes menos imaginamos, en las circunstancias que parecen más adversas.

Yo mismo le digo al Señor: Líbrame de pensar que ya te conozco. Y deseo que esta súplica sea también la nuestra como pueblo. Que podamos mirar más allá de lo evidente, más allá de lo aprendido, más allá de lo que creemos tener controlado. Que descubramos que Dios sigue pasando en medio de nosotros, como pasó entre aquellos que querían despeñarlo, y que su paso nunca es indiferente: siempre transforma, siempre libera, siempre ilumina.

Bajo el amparo de nuestra Santa Madre, que nunca se cansa de interceder por nosotros, pido que el Señor bendiga a cada familia, a cada enfermo, a cada corazón herido. Que nos conceda la gracia de reconocerlo vivo, actuante, sorprendente. Y que esta semana sea para todos un tiempo de abrir el alma y mirarle al corazón, sabiendo que lo llevamos dentro.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca siempre con ustedes.

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