Con las Dolomitas como marco y una mezcla de emoción y alivio en el rostro, Sarah Schleper celebró su debut en Milano Cortina 2026 levantando la imagen de la Virgen de Guadalupe que llevaba junto al corazón. A punto de cumplir 47 años, la esquiadora volvió a la escena olímpica para disputar sus séptimos Juegos Olímpicos de Invierno, un récord absoluto en el esquí alpino.
Nada de esto estaba en sus planes cuando se retiró por primera vez en 2011. Mucho menos competir nuevamente en unos Juegos y hacerlo representando a México. Pero Schleper sostiene que la pasión abre caminos inesperados, y el suyo la condujo de regreso a la montaña con la misma energía de sus primeros días.
En la salida del supergigante femenil, la tensión era evidente. “Mi mente estaba como: ‘ya estamos, vamos con todo’”, relató a Olympics.com. A su lado estaban Picabo Street, apoyándola en la posición de salida, y Hubertus von Hohenlohe, figura histórica del esquí mexicano. Solo al cruzar la meta pudo liberar la mente tras una jornada marcada por condiciones complicadas que dejaron fuera a casi una veintena de competidoras.
Schleper sorteó las dificultades y terminó en el lugar 26, un resultado que, para ella, queda en segundo plano frente al significado de representar a México en una disciplina donde el país llevaba dos décadas sin presencia femenina. “Lo importante no son los resultados, sino estar presente con México”, afirmó.
La conversación inevitable sobre su futuro encontró una respuesta clara. Schleper se siente capaz de continuar, especialmente en pruebas como el supergigante, pero prioriza el desarrollo del esquí mexicano. Si surge una atleta joven con nivel para competir, está dispuesta a ceder su lugar, convertirse en reserva o incluso en entrenadora. “Pero si nadie lo intenta, iré yo”, sentenció.
En una jornada que exigió experiencia, temple y resistencia, Sarah Schleper volvió a demostrar que su historia no se mide por el tiempo, sino por la determinación de seguir abriendo camino para el esquí alpino mexicano.

