El mensaje llegó sin ambigüedades en las instalaciones de Pittsburgh. Aaron Rodgers, a sus 42 años, confirmó que la temporada 2026 será la última de su carrera en la NFL. “Esto es todo”, declaró el mariscal de campo durante su primera rueda de prensa tras firmar un contrato por un año con los Steelers, marcando el inicio de lo que él mismo define como su despedida definitiva.
La afirmación elimina cualquier margen de especulación que el propio jugador había dejado abierta un año atrás, cuando evitó asegurar su retiro. Esta vez, el contexto es distinto: un cambio en la estructura del equipo, decisiones personales y un reencuentro que terminó por inclinar la balanza.
El punto de quiebre se produjo tras la salida de Mike Tomlin, quien dejó el equipo después de 19 temporadas. Rodgers reconoció que ese movimiento lo llevó inicialmente a considerar el cierre de su etapa en Pittsburgh. “Adoro a Mike T. (…) cuando anunció su retiro, pensé que probablemente ese sería mi final aquí”, explicó.
Sin embargo, la llegada de Mike McCarthy reconfiguró el escenario. El entrenador, con quien Rodgers compartió 13 años en Green Bay, apareció como un factor determinante. “Cuando se decidió contratar a Mike, empecé a considerar la posibilidad de regresar”, señaló el quarterback, quien terminó por tomar la decisión tras conversaciones con la directiva y su entorno personal.
El proceso no fue inmediato. La organización mantuvo cautela y le dio margen al jugador, incluso al punto de ofrecerle una inusual condición de agente libre sin restricciones. Durante semanas, la incertidumbre dominó el entorno del equipo, hasta que Rodgers optó por volver para una última campaña. “Después del draft, llegué a la conclusión de que quería jugar, quería regresar”, afirmó.
el cierre de una trayectoria y el intento de reconfigurar la ofensiva
Rodgers llega a este último año tras un recorrido de más de dos décadas en la liga, con una etapa prolongada en Green Bay, un paso sin resultados en Nueva York y una primera temporada en Pittsburgh que dejó números discretos: 3,322 yardas, 24 touchdowns y siete intercepciones en un sistema ofensivo limitado.
Para 2026, el contexto ofensivo presenta ajustes. La incorporación del receptor Michael Pittman y la selección de Germie Bernard buscan ampliar las opciones en el ataque, mientras que la presencia de McCarthy introduce una estructura conocida para el quarterback. Aun así, el propio Rodgers anticipa un proceso de adaptación. “Cambió algunas cosas (…) tendré que ajustar la terminología. Es una experiencia de aprendizaje”, explicó.
El vínculo con McCarthy no solo responde a lo táctico. También representa un elemento simbólico en el cierre de su carrera. Rodgers lo reconoce como parte de un ciclo que comenzó en Green Bay y que ahora encuentra un punto final en Pittsburgh. “Tiene un aspecto que cierra el círculo”, dijo.
El reto inmediato será traducir esa narrativa en resultados. Pittsburgh apuesta por una última versión competitiva de su mariscal, en un año que combina expectativas deportivas con la carga de una despedida anunciada. La temporada 2026 no solo definirá el cierre de Rodgers, sino también el alcance real de un proyecto que se reconfigura sobre la marcha.

