El regreso del papa León XIV a Castel Gandolfo para un periodo de descanso ha reactivado entre los habitantes de esa localidad italiana el recuerdo de las tradicionales estancias veraniegas de los pontífices, particularmente las de San Juan Pablo II, mientras la comunidad parroquial expresó su deseo de que el Pontífice pueda dedicar estas semanas a la oración, el descanso y la reflexión.
El párroco de la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanova, el sacerdote salesiano polaco Tadeusz Rozmus, afirmó que la prioridad de la comunidad es que el Papa viva este periodo con serenidad y de acuerdo con los objetivos que él mismo fijó para su estancia.
«Nuestro deseo es que el Santo Padre se sienta bien aquí en Castel Gandolfo, que pueda descansar y cumplir con lo que él mismo ha señalado como objetivo de su estancia: la oración, el descanso, la lectura y el deporte», señaló en entrevista con los medios del Vaticano.
Rozmus explicó que, a diferencia del año anterior, León XIV llegó a Castel Gandolfo con la intención expresa de convertir este tiempo en un verdadero periodo de descanso, sin mayores compromisos públicos, más allá de las actividades litúrgicas previstas y de los encuentros anunciados por la Santa Sede.
El sacerdote recordó que el primer saludo del Pontífice desde el balcón del Palacio Apostólico incluyó una mención especial a la parroquia y a su comunidad, gesto que calificó como un reconocimiento al trabajo pastoral que realiza la iglesia pontificia.
«Para mí fue una sorpresa enorme. Lo interpreté como un reconocimiento al valor de nuestra parroquia pontificia», comentó.
El párroco también relató que durante el último año tuvo la oportunidad de coincidir en diversas ocasiones con el entonces cardenal Robert Francis Prevost y posteriormente con León XIV, principalmente durante sus visitas a Villa Barberini, encuentros que, dijo, fortalecieron el vínculo entre el Pontífice y la comunidad local.
Entre los recuerdos más significativos destacó la misa celebrada por León XIV el 13 de julio del año pasado en la parroquia de Santo Tomás de Villanova, ceremonia que reunió a numerosos fieles y durante la cual el Papa entregó como obsequio un cáliz litúrgico destinado a la comunidad parroquial.
«Tuve el honor de recibirlo de sus manos en nombre de toda la comunidad y le agradecí por este gesto. Seguirá siendo uno de los momentos más importantes de mi vida sacerdotal», expresó.
Rozmus afirmó que el regreso del Papa también despertó la emoción entre los habitantes de Castel Gandolfo, quienes asocian la presencia del Pontífice con una tradición que durante décadas marcó la vida de la localidad.
El sacerdote relató que varios feligreses recordaron con emoción las visitas de San Juan Pablo II, cuyas estancias estivales permanecen profundamente arraigadas en la memoria colectiva.
«El domingo vi a personas con lágrimas en los ojos. Muchos recordaban su infancia, cuando los Papas venían regularmente a Castel Gandolfo. Se hablaba mucho de San Juan Pablo II. Los habitantes dicen simplemente: ‘Era nuestro Papa’. El regreso de León XIV hace revivir esos recuerdos y le da a la gente la sensación de que esta hermosa tradición pontificia aún continúa», señaló.
La estancia del Pontífice coincide además con los preparativos para conmemorar, en 2026, los 400 años del inicio de la tradición de las vacaciones papales en Castel Gandolfo, instaurada por el papa Urbano VIII en 1626.
Con motivo de este aniversario, la diócesis, la administración municipal y la parroquia trabajan en una serie de actividades conmemorativas que buscarán destacar la relevancia histórica de Castel Gandolfo como residencia estival de los sucesores de San Pedro y su papel dentro de la historia de la Iglesia católica.

