Portugal avanzó a los octavos de final de la Copa del Mundo tras vencer 2-1 a Croacia en un encuentro que terminó marcado por una de las decisiones arbitrales más polémicas del torneo. Un gol croata en el minuto 103, que parecía enviar el partido al tiempo extra, fue anulado después de una revisión del VAR apoyada por la tecnología integrada en el balón.
El desenlace dejó imágenes contrastantes. Los futbolistas croatas celebraron lo que consideraban el empate definitivo, mientras Cristiano Ronaldo, quien minutos antes había marcado su primer gol en una fase eliminatoria de una Copa del Mundo con la selección portuguesa antes de ser sustituido, observaba desde el banquillo sin conocer aún el desenlace de la revisión.
La acción que cambió el partido se produjo en los instantes finales del tiempo añadido. Josko Gvardiol remató a corta distancia para vencer al guardameta portugués, pero inmediatamente comenzó la revisión por un posible fuera de juego. La duda era si Igor Matanovic había alcanzado a tocar el balón en la jugada previa. De existir ese contacto, el atacante croata se encontraba en posición adelantada y la anotación debía ser invalidada.
El árbitro asistente de vídeo, Jarred Gillett, inició la revisión mientras el árbitro principal, Espen Eskas, observaba repetidamente las imágenes. Como las repeticiones televisivas no permitían determinar con claridad si existía contacto, la decisión se apoyó en la tecnología incorporada al balón oficial del torneo.
El balón Trionda, desarrollado por Adidas para esta Copa del Mundo, incorpora un microchip capaz de detectar cada contacto con el balón y enviar la información en tiempo real al sistema de videoarbitraje. Un registro del sensor confirmó que Matanovic alcanzó a tocar el esférico antes del remate definitivo, por lo que el fuera de juego permanecía vigente y el gol fue anulado.
Poco después del encuentro, la FIFA explicó la decisión mediante un comunicado, en el que señaló que los datos del sensor demostraban el contacto del delantero croata con el balón, respaldando así la determinación arbitral.
La resolución provocó una reacción inmediata en las tribunas. Aficionados croatas lanzaron botellas de plástico al terreno de juego mientras los jugadores reclamaban una decisión que terminó con las aspiraciones de su selección de continuar en el torneo.
Tras el encuentro, el seleccionador de Croacia, Zlatko Dalic, dirigió sus críticas hacia el trabajo arbitral.
«No voy a comentar mucho al respecto, pero sí diré que el arbitraje fue muy malo», afirmó.
El entrenador añadió que durante el partido su equipo dejó de recibir varias decisiones que, a su juicio, debieron favorecerlo.
«No hubo faltas ni jugadas a balón parado a nuestro favor cuando debieron haberlas habido», señaló.
Dalic también cuestionó el impacto del videoarbitraje sobre el juego.
«El VAR mata las emociones, mata todo lo que hay en ti. Hemos ido demasiado lejos con el VAR», sostuvo.
En contraste, el seleccionador portugués, Roberto Martínez, respaldó la decisión tecnológica y rechazó cualquier interpretación sobre un posible beneficio para su equipo.
«Es una pena que uno de los dos equipos tuviera que perder, pero no hay decisiones malas ni decisiones afortunadas. Fue un momento claro», declaró.
El técnico español recordó que el balón incorpora un sensor que registra cada contacto.
«Ahora las pelotas tienen un chip y el sensor indica que la pelota ha sido tocada», explicó.
La jugada también generó debate entre analistas y exárbitros. Mientras algunos señalaron que las imágenes no permitían confirmar visualmente el contacto, otros defendieron que la información proporcionada por el microchip ofrecía una prueba suficiente para mantener el fuera de juego.
Con la decisión confirmada, Portugal aseguró su clasificación a los octavos de final, mientras Croacia quedó eliminada en un desenlace que reavivó la discusión sobre el creciente papel de la tecnología en las decisiones arbitrales y su impacto sobre las emociones del futbol.

