POLÍTICA & PODER…Morena: el relevo que aún no llega… pero ya se siente

by Enlace Noticias

Por Amaury Sánchez G.

Cuando el poder no cambia de manos… cambia de dueño

En Morena no hay todavía funerales políticos, pero ya huele a velorio.

No es un olor evidente, no es de esos que obligan a abrir las ventanas. Es más bien un aroma sutil, persistente, como de flores marchitas que alguien insiste en mantener en el centro de la mesa. Todo parece en orden: la dirigencia sigue ahí, los cargos no han cambiado oficialmente, los discursos continúan con la misma liturgia. Pero algo ya no embona. Algo se mueve por debajo.

Luisa María Alcalde sigue siendo, en papel, la presidenta nacional.

Héctor Díaz-Polanco todavía figura como jefe político en la capital.

Pero en política, como en las viejas novelas de poder, lo importante no es quién firma… sino quién decide.

Y ahí está el verdadero giro de la historia.

Porque mientras los nombres permanecen, el mando se ha ido desplazando con la elegancia de una sombra que avanza al caer la tarde. La figura que comienza a ordenar, a marcar tiempos, a imponer silencios y a decidir ritmos no es otra que Claudia Sheinbaum. No con estridencia, no con rupturas visibles, sino con esa disciplina quirúrgica que distingue a los liderazgos que no necesitan anunciarse.

Morena entra así en una fase delicada: la transición sin relevo formal.

No hay destituciones, pero hay desgaste.

No hay crisis pública, pero hay tensión interna.

No hay ruptura… pero tampoco hay armonía.

Y en ese terreno ambiguo, donde nadie se ha ido pero nadie está plenamente firme, aparece la posibilidad —todavía no confirmada, pero cada vez más comentada— de que Citlalli Hernández asuma la dirigencia nacional.

No sería un cambio menor.

Sería el mensaje de que el partido deja de ser una estructura heredada para convertirse en una herramienta alineada al nuevo poder presidencial.

Porque lo que está en juego no es la silla… es el control de 2027.

Diecisiete gubernaturas.

Cientos de diputaciones.

Miles de cargos locales.

Y, sobre todo, la posibilidad de consolidar —o fracturar— el proyecto político más dominante del México contemporáneo.

En la Ciudad de México, el tablero es todavía más delicado. Ahí no sólo se juega la estructura del partido, sino el equilibrio entre dos fuerzas que se observan con cautela: la presidencia de la República y el gobierno capitalino.

Clara Brugada no es una figura decorativa. Tiene territorio, base social, operación política. Y eso la convierte, inevitablemente, en contraparte. No en enemiga, pero sí en factor de negociación.

La capital no será un campo de batalla abierto, pero sí un espacio de ajuste fino, donde cada candidatura, cada alcaldía, cada diputación será parte de un delicado reparto de poder.

Y luego está Jalisco.

Ahí, donde Morena no gobierna, pero aspira.

Ahí, donde no domina, pero crece.

Ahí, donde el desorden interno puede costarle más que cualquier adversario externo.

La dirigencia formal recae en Érika Pérez García, pero el peso político sigue orbitando alrededor de Carlos Lomelí. Dos centros de gravedad en un mismo sistema. Dos fuerzas que conviven… pero no necesariamente se subordinan.

Y como si eso no fuera suficiente, desde el centro comienzan a asomarse figuras que podrían alterar el equilibrio. Nombres como el de Ricardo Villanueva Lomelí empiezan a circular como piezas de un ajedrez mayor, donde el mensaje es claro: Jalisco no será dejado a su propia inercia.

Porque el verdadero temor de Morena no está en la oposición.

Está en sí mismo.

En sus tribus.

En sus excesos.

En sus errores de selección.

En sus liderazgos que, a veces, confunden popularidad con disciplina.

Por eso el calendario rumbo a 2027 no es sólo electoral. Es quirúrgico. Es un proceso de depuración silenciosa donde se decidirá quién se queda… y quién estorba.

Morena no está en crisis. Pero tampoco está en calma.

Está en ese punto incómodo donde el poder comienza a reacomodarse antes de que alguien tenga el valor de decirlo en voz alta.

Y en política, ese momento es el más peligroso de todos.

Porque es cuando nadie se mueve… pero todos ya están pensando en moverse.

En Morena aún no cambian a los dirigentes… pero el poder ya empezó a cambiar de dueño.

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