Pobreza baja, pero desigualdad educativa crece en México: indígenas y jóvenes rurales quedan rezagados

by Enlace Noticias

Aunque México reportó en 2024 uno de los niveles más bajos de pobreza multidimensional de las últimas décadas, las brechas educativas no disminuyeron al mismo ritmo. Por el contrario, el acceso a la educación media superior y universitaria continúa marcado por el ingreso económico, la condición indígena y el lugar de residencia, según revela el estudio “Desigualdades educativas en México: Inequidades y rezago educativo”, elaborado por BBVA Research.

El documento advierte que la reducción de la pobreza no ha significado automáticamente igualdad de oportunidades dentro del sistema educativo. La investigación sostiene que “el alivio de la pobreza por sí mismo no lleva a una reducción del rezago educativo” y plantea que persisten barreras estructurales que limitan el acceso y permanencia escolar, principalmente en zonas rurales y comunidades indígenas.

El análisis, basado en datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares entre 2004 y 2024, expone que los jóvenes del cuartil más bajo de ingresos tienen hasta 32 puntos porcentuales menos probabilidad de concluir el primer año de universidad respecto a quienes pertenecen al sector de mayores ingresos. En bachillerato la diferencia alcanza 19 puntos y en secundaria 11 puntos porcentuales.

La investigación identifica además a la población indígena como el sector con mayores desventajas educativas. En 2024, un joven no indígena tuvo 67 por ciento más probabilidades de concluir el primer año de bachillerato respecto a un joven indígena. En educación superior, la brecha se amplió todavía más: una persona de un hogar no indígena registró más de cuatro veces más posibilidades de acceder a estudios universitarios que alguien proveniente de un hogar indígena.

El estudio sostiene que la desigualdad educativa “se intensifica conforme aumenta el nivel escolar”. En el caso universitario, durante 2004 la diferencia por ingresos llegó a ser de 16 veces entre jóvenes de hogares ricos y pobres. Aunque esa distancia se redujo con el paso de los años, en 2024 todavía persistía una diferencia cercana a tres veces más posibilidades para quienes pertenecen al cuartil de mayores ingresos.

El entorno geográfico también aparece como una barrera persistente. Los jóvenes que viven en zonas urbanas mantienen mayores probabilidades de avanzar en el sistema educativo frente a quienes habitan localidades rurales. En educación superior, un estudiante urbano llegó a tener casi seis veces más posibilidades de cursar universidad respecto a uno del ámbito rural. Para 2024 la diferencia bajó, pero continuó siendo de más del doble.

El documento vincula el rezago educativo con factores sociales y económicos que van más allá del aula. Entre las variables que influyen en la permanencia escolar aparecen la inseguridad alimentaria, la falta de agua y drenaje, el hacinamiento, la violencia y la pobreza municipal. Incluso, vivir en municipios con altos índices de homicidios representa una desventaja para concluir estudios universitarios.

La investigación también pone bajo presión el desempeño educativo nacional frente a estándares internacionales. México se ubicó en el lugar 57 de 81 países en matemáticas y ciencias dentro de la prueba PISA 2022, mientras que en lectura ocupó la posición 49. Ningún país latinoamericano superó el promedio de la OCDE en matemáticas.

En términos de cobertura, el país avanzó en las últimas dos décadas. La proporción de jóvenes de entre 17 y 19 años que lograron concluir el primer año de bachillerato pasó de 48.2 por ciento en 2004 a 72.7 por ciento en 2024. En universidad, la cobertura aumentó de 21.6 a 38.8 por ciento en el mismo periodo. Sin embargo, el estudio señala que esos avances no han eliminado las diferencias estructurales entre grupos sociales.

Los autores concluyen que el sistema educativo mexicano continúa reproduciendo desigualdades sociales y económicas. El informe plantea que las políticas públicas enfocadas únicamente en reducir la pobreza resultan insuficientes si no van acompañadas de estrategias integrales de inclusión educativa dirigidas a jóvenes indígenas, sectores rurales y hogares de menores ingresos.

“La educación inclusiva, equitativa y de calidad” sigue siendo, según el documento, una meta pendiente para México rumbo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

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