En la rectoría del Señor de la Columna, el padre Julio César Fajardo Aguilar utiliza la fiesta de la Sagrada Familia para plantear un diagnóstico crítico sobre la situación actual de las familias y su relación con el poder político, económico y cultural. A partir del relato bíblico de Jesús, María y José perseguidos por Herodes, el sacerdote establece un paralelo con lo que considera una persecución contemporánea a la institución familiar, en la que identifica decisiones de Estado, modelos económicos, dinámicas sociales y prácticas culturales que impactan de forma directa en la vida cotidiana de niños, adolescentes y adultos mayores.
El sacerdote recuerda que, según el relato evangélico, Jesús no nace en una familia ideal, sino en un hogar marcado por la pobreza, la persecución y la incertidumbre, y desde ahí formula una clave de lectura para las familias actuales: no se trata de estructuras perfectas, sino de núcleos reales, con crisis, conflictos y decisiones difíciles. Desde esa perspectiva, advierte sobre discursos que promueven el distanciamiento automático de la familia ante sus problemas y cuestiona mensajes difundidos en redes sociales y espacios de opinión donde se normaliza romper el vínculo familiar sin apostar por la conciliación o la reparación. Para Fajardo, la familia es un lugar de origen no elegido, pero constitutivo, y su fragilidad no se resuelve con la evasión, sino con asumir responsabilidades.
En su homilía, el padre introduce la dimensión política al señalar que “el poder persigue a la familia” y menciona como ejemplo la aprobación del aborto en distintos contextos, que presenta como una decisión estatal con impacto directo en la estructura familiar. También alude a lo que llama “economías salvajes”, retomando expresiones atribuidas a Juan Pablo II, para ilustrar cómo los modelos de consumo influyen en la vida del hogar, desde la forma de vestir hasta la lógica de sustitución de vínculos por bienes. A esta crítica suma el papel de los medios digitales y el entorno hipersexualizado, que, afirma, inciden en la formación de los menores y requieren una vigilancia activa de madres y padres sobre lo que consumen sus hijos en los teléfonos celulares.
El sacerdote se detiene de manera particular en dos extremos generacionales: los niños y los adultos mayores. En el caso de los menores, vincula la memoria litúrgica de los Santos Inocentes con la realidad de quienes hoy sufren violencia, abandono o abuso, y subraya que la mayor parte de estas agresiones ocurre dentro de los hogares. Desde ahí, plantea un llamado a escuchar a los niños, a tomar en serio sus denuncias y a proteger su integridad aunque ello implique conflictos dentro de la propia familia. En el otro extremo, aborda la situación de las personas mayores, critica la creciente normalización de los asilos como única salida y señala el riesgo de que los adultos mayores se conviertan en “muebles” dentro de las casas o en presencias desplazadas por dinámicas laborales y migratorias, incluidas las de quienes residen en Estados Unidos y creen que el envío de remesas sustituye el acompañamiento.
A lo largo de la homilía, el padre Julio César Fajardo recurre a ejemplos concretos para ilustrar la permanencia del vínculo familiar frente a la volatilidad de las relaciones de amistad. Relata la experiencia de un joven hospitalizado por cáncer acompañado solo por sus padres y recuerda el caso de un activista de los años setenta y ochenta que, tras abandonar su hogar, termina siendo cuidado por su familia en la etapa terminal de una enfermedad. Con estas escenas, subraya que, más allá de los conflictos, los padres siguen siendo padres y los hijos siguen siendo hijos, y que la red familiar, aunque herida, tiende a reaparecer en los momentos límite.
El sacerdote también interpela directamente a los padres de familia sobre su papel formativo y su ejercicio de autoridad. Señala que la capacidad real de influir en los hijos es limitada en el tiempo y se reduce drásticamente a partir de la adolescencia, por lo que los primeros años son decisivos para transmitir criterios, valores y herramientas para la vida adulta. Con humor crítico hacia las figuras del “niño emperador”, insiste en que los padres mantengan la responsabilidad sobre decisiones clave, como la participación en la vida familiar durante las fiestas, y propone la figura de San José como modelo de “padre que sueña”: un hombre que, según los relatos bíblicos, escucha en sueños lo que Dios quiere para su familia y actúa con prontitud aun en medio de la oscuridad y la falta de certezas.
En este mismo sentido, Fajardo retoma la tradición bíblica sobre el mandamiento de honrar a padre y madre para poner sobre la mesa el trato a los adultos mayores. Recuerda que, según la Escritura, este mandato incluye promesas y también consecuencias cuando no se cumple, y lo conecta con escenas actuales de abandono en asilos y casas hogar, donde personas mayores expresan sentirse olvidadas por los hijos que las llevaron ahí. El sacerdote cuestiona la lógica según la cual el valor de una persona depende de su capacidad productiva y plantea que el cuidado de los padres en la vejez es un deber de justicia, no un acto opcional.
La reflexión del padre Julio César Fajardo concluye con una propuesta concreta dirigida a las familias: recuperar espacios de oración y encuentro en casa, especialmente en torno al nacimiento navideño, y utilizar esos momentos para pedir perdón, agradecer y asumir compromisos mutuos. Más allá del lenguaje religioso, su mensaje se sitúa en el cruce entre lo social y lo político al presentar a la familia como un lugar donde se juegan temas de derechos, cuidado, violencia, economía, migración y acompañamiento intergeneracional. Desde la rectoría del Señor de la Columna, la homilía se convierte así en una intervención pública que invita a revisar cómo se organiza la vida familiar en un entorno de cambios culturales acelerados y presiones estructurales que rebasan el ámbito íntimo del hogar.

