En su homilía dominical en el templo del Señor de La Columna, en Morelia, el padre Julio César Fajardo Aguilar reflexionó sobre el sentido de Pentecostés y la presencia del Espíritu Santo en la vida cotidiana. A partir de la tradición bíblica y de la experiencia comunitaria, el sacerdote subrayó que la celebración recuerda que “cada corazón humano es la tienda de campaña donde tiene que habitar el Señor”, retomando la antigua fiesta judía de las tiendas y el simbolismo del arca de la alianza.
El padre Fajardo explicó que Pentecostés actualiza la promesa de que la ley divina estaría inscrita en el corazón de las personas. Desde esa perspectiva, afirmó que la presencia del Espíritu no se limita a un rito, sino que se manifiesta en la vida diaria, en los vínculos familiares, laborales y comunitarios. “Las lenguas de fuego todavía están presentes y están en nosotros”, señaló, al destacar que cada persona anuncia el Evangelio “en su propio idioma”, entendido como el lenguaje de su profesión, su entorno y sus relaciones.
El sacerdote ejemplificó esta idea con situaciones concretas: un médico que defiende la vida ante sus colegas, un maestro que acompaña a sus alumnos, una madre que consuela a su hijo o un joven que vive la amistad con autenticidad. En todos esos casos, dijo, se trata de “idiomas” en los que se anuncian “las maravillas del Señor”. Invitó a la comunidad a preguntarse qué transmiten sus palabras cotidianas y a evitar que la conversación pública se limite a “malas noticias o chismes”, proponiendo en cambio compartir lo bueno que Dios hace en la vida de cada uno.
Otro eje de la homilía fue la renovación interior. El padre Fajardo retomó la imagen bíblica del viento para explicar que el Espíritu “mueve y renueva”, del mismo modo que la lluvia transforma el paisaje. “Qué terrible ser cristianos entumecidos”, advirtió, al llamar a dejar atrás rutinas que paralizan la vida espiritual. Señaló que Pentecostés recuerda que siempre es posible “volver a empezar” y que Dios ofrece “otra oportunidad” para transformar el corazón.
El sacerdote también abordó la dificultad de vivir el Evangelio en la práctica. Preguntó a la asamblea si es fácil educar a los hijos, perdonar, decir la verdad, ser fiel, renunciar al pecado o defender la fe en ambientes adversos. “Claro que es difícil”, afirmó, para luego subrayar que nadie puede cumplir esas exigencias por sí solo. “Tú solo no puedes”, dijo, retomando la enseñanza de Jesús a los apóstoles: “Les voy a dar al Espíritu para que les recuerde lo que yo les dije”.
A través de ejemplos cotidianos y anécdotas personales, el padre Fajardo insistió en que el Espíritu Santo impulsa a superar el miedo y la inercia. Comparó su acción con un empujón que permite dar pasos que parecen imposibles. “Esto es lo que hay —somos débiles, nos equivocamos—, pero si mandas tu Espíritu, sí se puede”, expresó.
La homilía concluyó con una invitación a recurrir al Espíritu Santo en los momentos de mayor fragilidad: al enfrentar la verdad, al perdonar, al buscar paz, al atravesar el dolor, al enfrentar la tentación del suicidio o la desunión familiar. “Cuando la noche del dolor llegue, ¿qué vamos a decir? Ven, Espíritu Santo”, proclamó, antes de invitar a la comunidad a renovar su oración y su confianza.

