Durante la homilía del sexto domingo del tiempo ordinario, el padre Carlos Suero, Misionero Servidor de la Palabra, exhortó a los feligreses del templo de la rectoría del Señor de la Columna a asumir la ley de Dios como una guía mínima para la salvación y no como una carga restrictiva. El sacerdote subrayó que los mandamientos representan “lo mínimo que tenemos que hacer para entrar en el reino de los cielos”, según expresó durante su mensaje.
El presbítero explicó que la libertad cristiana no consiste en evadir normas, sino en orientar la vida hacia la voluntad divina. Recordó que, al igual que en la primera lectura, la ley se presenta como una opción: “Ahí está la ley, si quieren vivirla, vívala”. Sin embargo, advirtió que ignorarla implica renunciar a la misión personal y al sentido para el cual cada persona fue creada.
En su reflexión sobre el Evangelio, contextualizó el Sermón de la Montaña como continuidad de la ley entregada a Moisés, destacando que Jesús no la elimina, sino que la lleva a plenitud. Señaló que los mandamientos no deben interpretarse como prohibiciones aisladas, sino como principios que orientan la convivencia y la fraternidad.
El sacerdote profundizó en el mandamiento de “no matar”, al afirmar que la violencia no se limita al daño físico. Indicó que actitudes cotidianas como el insulto, el desprecio o el chisme también rompen la comunión y alejan de la gracia: “El que insulte a su hermano será llevado ante el tribunal supremo”, citó del Evangelio para enfatizar la dimensión moral del trato entre familiares y miembros de la comunidad.
Asimismo, abordó el tema del adulterio y la fidelidad, recordando que la exclusividad en la pareja se construye diariamente. Señaló que minimizar las faltas bajo criterios contemporáneos no elimina su gravedad moral: “Pecado es pecado, tenemos que ser honestos con nosotros mismos”, afirmó. Llamó a fortalecer las relaciones desde el noviazgo y a promover vínculos auténticos que eviten rupturas posteriores.
En otro momento, cuestionó la falta de coherencia entre prácticas religiosas y actitudes personales, especialmente cuando se busca la intervención divina sin mantener una relación constante con Dios. Comparó esta incoherencia con la comunicación cotidiana entre amigos, subrayando que la relación espiritual también requiere cercanía y diálogo.
El padre Suero insistió en la importancia de la honestidad en la palabra dada, al señalar que Jesús invita a decir “sí” o “no” con claridad, sin recurrir a juramentos innecesarios. Explicó que la transparencia facilita la convivencia y evita conflictos derivados de compromisos incumplidos.
Finalmente, advirtió que la ley de Dios no debe interpretarse de manera rígida, como lo hacían los fariseos, sino desde la caridad, que es su fundamento. Comparó las normas divinas con las leyes de tránsito, cuyo propósito es permitir una convivencia ordenada: “Las leyes están para ayudarnos a convivir mejor”, recordó.
El sacerdote concluyó que la verdadera libertad surge de vivir conforme a la voluntad de Dios, construyendo relaciones fraternas y una vida comunitaria basada en la caridad y la responsabilidad mutua.

