Durante la homilía celebrada en el templo del Señor de la Columna, el padre Bulfrano Vázquez, de los Misioneros Servidores de la Palabra, afirmó que la finalidad de la vida cristiana no radica en la construcción de templos, las actividades pastorales o el crecimiento de los grupos religiosos, sino en la conversión personal y en la búsqueda de una «vida nueva» en Cristo.
Al desarrollar su reflexión, el sacerdote sostuvo que toda acción dentro de la Iglesia pierde sentido cuando deja de conducir al encuentro con Dios. «¿De qué sirve todo esto si el pecado no muere? ¿De qué sirve todo ese hacer y deshacer si no tenemos una vida nueva?», cuestionó ante los asistentes.
Vázquez explicó que la ayuda brindada a sacerdotes, misioneros o comunidades religiosas encuentra su verdadero propósito cuando favorece la transformación espiritual y no únicamente el cumplimiento de tareas o proyectos materiales. En ese contexto, señaló que vender publicaciones religiosas, construir iglesias o realizar actividades apostólicas no constituyen un fin en sí mismos.
Como ejemplo, hizo referencia a la reciente inauguración de la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, obra del arquitecto Antoni Gaudí. Reconoció el valor arquitectónico y espiritual del recinto, pero planteó que incluso una obra de esa magnitud pierde su finalidad si no conduce al encuentro con Dios. «Después de tanta cosa, ¿cuál es el propósito de todo eso?», expresó al advertir sobre el riesgo de privilegiar el turismo o la contemplación artística por encima de la experiencia de fe.
El sacerdote también abordó situaciones que, a su juicio, reflejan la pérdida del sentido original de distintos apostolados y comunidades religiosas. Señaló que algunos grupos terminan desviando sus objetivos cuando intereses económicos, personales o recreativos sustituyen la misión evangelizadora. «Se murió en espíritu y si se muere en espíritu todo se viene abajo», afirmó al referirse a organizaciones que, dijo, olvidan el propósito de su servicio.
En otro momento de la homilía, mencionó que ese proceso también puede presentarse en la vida sacerdotal, matrimonial y comunitaria cuando las personas abandonan el compromiso asumido inicialmente. Consideró que ello deriva en «un desastre» cuando la prioridad deja de ser Cristo.
Como parte central de su mensaje, sostuvo que colocar a Jesús en el primer lugar no significa rechazar a la familia o a otras responsabilidades, sino dar a cada aspecto de la vida el sitio que le corresponde. «Cuando tú pones a Cristo en su lugar, todo lo demás toma su lugar correspondiente», señaló.
El religioso también hizo un llamado a asumir las dificultades personales desde la perspectiva de la fe. Invitó a los fieles a reflexionar sobre la manera en que enfrentan «su cruz» cotidiana y recordó la enseñanza evangélica de que «el que salve su vida la perderá, pero el que la pierda por mí la salvará».
Antes de concluir la celebración, el padre Bulfrano Vázquez convocó a los asistentes a pedir la acción del Espíritu Santo para comprender cómo entregar la propia vida al servicio de Cristo y mantener como prioridad la conversión personal por encima de cualquier obra material o actividad religiosa.

