En una homilía dirigida al pueblo de Dios, monseñor Carlos Garfias Merlos, arzobispo emérito, expuso una reflexión centrada en su proceso de renuncia, el sentido del servicio pastoral y la responsabilidad colectiva en la construcción de paz. El mensaje fue presentado como una carta abierta a la comunidad cristiana y a quienes participan de manera voluntaria en la vida eclesial.
Garfias recordó que el 9 de enero de 2025 presentó formalmente su petición de renuncia, la cual fue aceptada y publicada el 19 de enero del mismo año. Con ello, quedó exento de responsabilidades de gobierno pastoral y se designó a un nuevo titular para la diócesis correspondiente. Señaló que, aun en condición de emérito, mantendrá disposición para colaborar cuando sea requerido, en continuidad con el servicio que ha desempeñado durante su trayectoria sacerdotal y episcopal.
En un segundo eje, el arzobispo emérito abordó el tema de la paz, a la que definió como un proceso que se forma, revitaliza y sostiene desde los ámbitos cotidianos. Indicó que la construcción de paz implica participación en los hogares, escuelas, espacios comunitarios, instituciones públicas y privadas, así como en entornos religiosos, políticos y culturales. Subrayó que la convivencia social requiere unidad en la diversidad y capacidad para atender las diferencias sin renunciar al respeto a la dignidad y libertad de cada persona.
Garfias señaló que la crisis global evidencia la importancia del ejercicio responsable de la libertad, incluida la participación ciudadana. Consideró necesario fortalecer acciones que acompañen a las víctimas y consolidar mecanismos de diálogo, como los impulsados por el Consejo para la Paz y la Democracia, las mesas de seguridad y diversas organizaciones civiles. Afirmó que estos esfuerzos permiten avanzar en proyectos y programas orientados a generar transformaciones positivas en la Iglesia y en las comunidades.
El arzobispo emérito invitó a la asamblea a agradecer por quienes han sostenido la vida eclesial y comunitaria, y pidió mantener la unidad en la oración y en el acompañamiento mutuo. También expresó gratitud por sus 50 años de vida sacerdotal y reiteró su compromiso de continuar aportando desde su experiencia como pastor y formador.
Concluyó señalando que la paz surge de la persona y constituye un camino para construir una nueva humanidad, en la que la participación y el discernimiento comunitario sigan siendo elementos fundamentales.

